Ho van aconseguir perquè no sabien que era impossible
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jueves, 10 de octubre de 2013

Crónica Challenge Barcelona - Maresme 2013 y fotos



El pasado domingo 6 de octubre completé mi tercer triatlón en distancia Ironman. 3,8 Km nadando, 180 km de bici y 42,2 Km de carrera a pie. Fue en el Challenge Barcelona – Maresme que se celebró en Calella y que actuaba como campeonato de España de Larga Distancia donde acabé en el puesto 33 de mi Grupo de Edad (30-34 años).

Estoy muy contento con mi mejor marca personal, mejorada en más de 1 hora la anterior, con 10:53:08 horas. La alegría por la competición fue doble, ya que mi entrenador, Richard Calle se hizo con el Campeonato de España Élite culminando una temporada redonda para él. ¡Felicidades coach!

La verdad, iba bastante sereno y preparado como ya expliqué en el post previo a la competición. Llevaba bastante bien controlados los ritmos, el circuito y sobretodo la alimentación durante la prueba, que creo que fue una de las claves. E incluso al acabar tuve la sensación de haber podido ir más al límite.

A modo de resumen decir que ha sido una de las competiciones donde más he disfrutado de cada kilómetro, sin momentos bajos, psicológicamente siempre positivo, pese a las medusas en el agua, a la desorientación general en el mar, al diluvio universal que vivimos en la bicicleta o a la tortura muscular que supone el maratón. La mente fría, serena e intentando no dejar nada al azar para entrar ultra contento a meta con Lydia.


Y decir también que gran parte de la culpa de todo esto la tiene Patrocinalos, sin la ayuda de los cuales este Challenge quizás no hubiese sido posible. 

Día previo 

Hay que darse prisa. Los días previos al Ironman se pasan volando así que hay que aprovechar todo el tiempo. Recoger el dorsal, asistir al briefing, instalarse en el hotel, preparar todo el material, dejar listo lo que voy a comer y beber durante la competición, llevar algunas cosas a boxes, correr un poquito para quitar los nervios, saludar al personal conocido e intentar descansar lo máximo.

Compañeros de fatigas y de fin de semana como Dani, flamante subcampeón de España de su grupo de edad (25-29) y compañeros de club, Manu, Manel, Paco, David, Carles & Carles con los que también he compartido metros durante todo el proceso de preparación. Más saludos en Calella y en boxes y todos con los mismos nervios y sus objetivos y metas para el día D. 

Natación

Ultimo todo en boxes. Caminamos hacia la salida. Vaselina, neopreno, risas nerviosas para eliminar la tensión y hacia la arena. Por delante una sola vuelta de 3,8 km. La salida es tranquila, no recibo apenas golpes y nado cómodo desde el principio. Me lo tomo con calma y voy con la seguridad que me dió la natación de mi último triatlón en Berga, aunque aquí no iba a ser igual.


Los primeros 1000 metros los llevo bien, voy en grupos y sigo pies, es fácil orientarse y ya me han empezado a adelantar los más rápidos de las salidas anteriores. Cuando viramos para orientarnos hacia el final del sector tenemos por delante una interminable recta de 2,4 km y corriente en contra, además de la mala visibilidad de primera hora de la mañana y encarados hacia el sol, que estaba saliendo por el este...

 Este fue uno de los errores o handicaps que más condicionó a todos los participantes. Todos se vieron penalizados por esa recta ante la falta de boyas de referencia para conseguir nadar recto. Unas de otras estaban separadas por demasiados metros por lo que era imposible, entre oleaje y nadadores, tener referencias para evitar hacer más metros nadando en eses.... La única solución era ir siguiendo a los nadadores de delante y fiándose de ellos. Los jueces y los kayacs estaban más entretenidos en reorientar a los nadadores despistados que en seguir la carrera. Todas mis espectativas se fueron al garete en este segmento. En mis tres Ironman nunca he tardado tanto en el agua. 1:36 horas... Cuando mi tiempo previsto era entre 1:15 y 1:25... A seguir. 

Ciclismo


Me lo tomé sin prisa pero sin pausa. Empiezo con cadencia para estabilizar las pulsaciones al salir de Calella hacia la N-II. En mis planes estaba hacer un parcial de 30 km/h de media, aunque sabía que podía ser más rápido si me iba bien. Por delante dos vueltas y media a un circuito sin desniveles y de ir acoplado el 90% del tiempo, aunque tenía algún repecho. Cada 15-20 minutos voy ingeriendo calorías e hidratándome. No noto ningún bajón de energía en ningún momento y aprovecho cada avituallamiento.

En los primeros 70 km obtengo una media de 33,2 km. Bien, pues todo lo que tenga ganado es margen para posibles contratiempos. Los ánimos iban bien. Mi tia animando en el giro de Calella y mi novia preparándome una bidón para mi segunda vuelta, animando y echando fotos junto con el crack de Joaquin y también Marta. Gritos también de Sergi por ahí y de Juan, un amiguete del Hospitalet.



En la segunda de las vueltas el viento se empieza a levantar y al fondo se empiezan a ver nubes negras de tormenta. Mal augurio, pues vaticinaba un maratón pasado por agua. La previsión se adelantó.

Durante el tramo ciclista mi tendencia es pasar más gente de la que me pasa a mi. Los grupos de drafting son descarados, uno de ellos me pasa como un tiro en un pequeño repecho. Les vuelvo a adelantar y miro atrás. Los tengo a rueda. Un papel entra en mi rueda y pienso que he pinchado. Paro para comprobarlo, por suerte solo era ruido. Al fondo sigo viendo el grupo en pelotón y de repente aparece un juez y se pone a su lado. Los tramposos empiezan a disimular y a dejarse caer. Yo los vuelvo a atrapar y le digo al juez que en cuanto se vaya van a volver a lo mismo y él me contesta: “ya lo sé, ya” Ignoro los penalty box que impuso ahí, pero había unos cuantos. El dorsal 948, un tal Ville era descarado y hacia el final me dio el palo en el último repecho, mucho más fresco que yo iba. Consigo dejarlos de nuevo, pues eran tan comodones que ni se dignaban a subir de 31 km/h para no dejar la rueda de quien tiraba del grupo.

El viento ha empezado a hacer mella en la media que acaba por destrozarse cuando se pone a llover, si se le puede llamar llover a lo que caía. El público y los animadores, evidentemente, se esfuman casi todos. Circulamos por auténticos rios de agua que frenan la marcha, con mucho cuidado en las rotondas y bastante más lentos, sin apenas visibilidad por los chuzos que caían. Aún así para delante, fresquito.

Realmente no me importa la lluvia. En cierto modo me la sudan las condiciones atmosféricas. Son parte del juego, así que no afectan en mi ánimo. Son así y punto y apechugo con ellas de la mejor manera que puedo. De nada sirve martirizarse aún más de lo que lo hace la lluvia, el sol o el viento y en Zaragoza ya había tenido días duros climatológicamente hablando (frío, calor, lluvia, niebla, nieve y mucho viento) en muchos mis entrenos, así que iba sobrado en ese aspecto.

La parte positiva fue que las barritas que llevaba se mojaron y se masticaban mejor, pero al ir a tomarme un antiinflamatorio que llevaba resulta que se había desecho con el agua, así que tuve que esperar al maratón a que mis sparring me pudieran dar uno.

Los planes no han salido del todo mal. 5:38 en la bici cuando mi objetivo era de 6 horas. Así que ya había compensado lo perdido en el agua.

Carrera



Fue mi mejor segmento. Empecé con la mente fría, un maratón se puede hacer muy largo así que estabilicé mis pulsaciones a las que eran habituales en mis entrenamientos de transiciones. Empiezo a marcar un ritmo bastante estable entre 4:55 y 5:05 el kilómetro, de principio a fin que sorprendentemente consigo clavar durante los 42 km (41 en mi garmin).

En la carrera a pie iba feliz. Tan solo hubo un momento de bajón, del km 13 al 14 me dio una pájara en la que el corazón se disparó. Paré, anduve unos metros, oriné, me tomé dos geles, bebí agua y seguí. Al poco recuperé la energía. Continué absorto en mis pensamientos, mis innumerables sesiones de largos entrenos en solitario en Zaragoza me vienen a la cabeza, esa sensación que sentía en ellos...


Corro sonriendo todo el rato también a todos los que me animaban, Gerardo, Albert, David, Pedro, Montse y familiares de compañeros de club y más amigos y conocidos que seguro que me dejo, avanzando kilómetros y disfrutando realmente del Ironman lo más entero que pude.

Con ritmo clavado se me pasan las 3:32 horas de mi maratón "volando". Últimos kilómetros, aún me quedan fuerzas para subir un poco el ritmo. Llego a la alfombra que da acceso a la meta, Lydia y yo nos cogemos de la mano y su cara de felicidad me hace ser el triatleta más feliz del momento. Ella más orgullosa que los niños que entran con sus padres. Los dos subimos la rampa de meta corriendo y nos besamos al cruzarla. No puedo estar más orgulloso.

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Ahora unos días de desconexión de entrenos, descanso y asimilar la temporada. Ha sido rara, con bajones y subidas y sobretodo muy larga. Por suerte ha acabado de la mejor manera que podía hacerlo y en el último momento.

Dar las gracias como siempre a todos los que me han dado apoyo previo, los que han entrenado conmigo, los que me animaron en la carrera y con mensajes antes de ella, los que se alegraron de mi llegada a meta y los que me acompañan de una u otra manera en mis locuras deportivas.

Enlaces a Galerías de Fotos del Challenge Barcelona Maresme 2013

jueves, 7 de junio de 2012

Crónica: Extrememan Salou 2012

A Salou llegaba bien de ánimos pero algo inseguro por como ha marchado la temporada y los entrenos. Al final todo salió mejor de lo que me esperaba. Ya tengo otro triatlón distáncia Ironman al bolsillo, y este era de los duros. Ahí va la crónica.

Natación
6:30 de la mañana, al amanecer. 400 triatletas dispuestos en la salida, a punto para saltar al Mediterráneo tras los tres cañonazos de rigor. Nervios a flor de piel y neopreno de gallina. Sensaciones que se pasan ipso facto nada más poner el pie en el agua y caminar los 25 metros de arena hasta que la profundidad hacia viable poder nadar. Por delante dos vueltas con salida a tierra. Una con 1500 metros, la otra de 2300. Busco los huecos por donde poder nadar más cómodo y la verdad es que no sufro demasiados golpes. Nado tranquilo y pensando en como plantear la carrera, sin prisas y ligero, sin ponerme nervioso en el tramo que peor llevo. Miro el reloj al salir de los 1500 metros y veo 27 minutos. Demasiado rápido para mi parecer. La segundo vuelta es más larga, pero voy cogiendo buenos pies y nadando cómodo a rebufo.

El mar no estaba muy movido, y la corriente ayudaba cuando se nadaba dirección a tierra. En mis mejores cálculos entraba poder acabar el segmento en 1:15 - 1:20 pero cuando me veo transicionando en 1:06 intuyo que algo no va bien. Todo el mundo alrededor mio en boxes presumía de su tiempazo. Seamos honestos. Todo el mundo más o menos sabe cuánto tarda en cubrir 3800 m. nadando. No hay vuelta de hoja. Si hacéis un promedo de 20 minutos menos de lo que estáis acostumbrados la lógica dice que está mal medido. Calculo que unos 500 metros de menos. Xavi Llobet fue el primero en la natación con 39 minutos, a 1:02 el 100... Lo peor de todo es que el año pasado ya pasó algo parecido. Y lo digo yo, que soy pez de plomo.

Ciclismo
No pierdo mucho en la transición. La he estado visionando mientras nadaba y voy al grano. Me pongo un mallot de ciclismo simplemente porque veía nubarrones en el horizonte y sus bolsillos me permitían guardarme un chubasquero. No tardó mucho en hacerme falta. Antes de haber cubierto los primeros 10 km ya había empezado a descargar agua bastante fuerte y era la envidia de los ciclistas que me veían protegido, aunque solo parcialmente, de la lluvia.

El tramo de ciclismo es el más duro. En total hay acumulados unos 2800 metros de desnivel en 180 km, apenas hay llano. O se sube o se baja, aquí lo podéis comprobar. Antes de llegar al ascenso del primer puerto ya paró de llover. Se llega al pie de La Mussara con casi 400 metros de desnivel acumulado y otros 600 más en los próximos 10 km. Como es el primero aún la mente va fresca.

Iba con la ventaja de haber hecho el circuito tres semanas antes, así que lo tenía visualizado y sabía de su dureza para poder ir mesurando las fuerzas. Bebo en abundancia, como barritas, algún gel, isotónico. Cada 30 minutos entraba una u otra cosa y no pasé necesidad, ni flojera ni nada. Unas 200-300 calorias por hora.

Me noto bien en la bici, sin sufrir en exceso y pese a dosificar voy avanzando a cuentagotas a algunos participantes. El balance era positivo, más adelantados que adelantadores. En La Vilella me encuentro con Emili y Rosa, compañeros de club, animando y haciendo fotos, un buen aporte moral para afrontar lo que queda hasta el punto kilométrico y psicológico situado en el habituallamiento del km 100 tras coronar el Coll de La Figuera. Parada técnica para vaciar vejiga y a seguir, ahora relajado y de bajada.

A falta de 60 kilómetros noto un subidón en las piernas y en el ánimo. Aún queda mucho pero empiezo a meterle más caña de la prevista. Voy pidiendo carta a ver si hay suerte, y la tengo. Subo bastante clavado a la temida tachuela de Gratallops, con un largo km al 8%. Después solo dos más, a Falset dando el fuá y de nuevo la expedición de animadores del Gavà Triatló haciendo de claca. Grandes. Me cantan que vamos un grupete del club bastante juntos, así que me animo a ver si cojo a alguien. Pero fue que no...

Aún así ya solo me quedan 50 kilómetros, solo un puerto, Coll Roig de unos 7 km al 5% y el resto, los últimos 30, con tendencia a bajar. De vez en cuando, uno de los jueces que fue compañero de club, Pau, pasa con la moto y siempre tiene una palabra de ánimo. 

Soy consciente de lo que tengo por delante y no voy acusando el cansancio, al contrario, estoy envalentonado al ir atrapando de tanto en tanto, algún ciclista. Sé que después de Collo Roig todo es bajada y llaneo. Corono el último puerto en 6 horas justas y preveo que me queda poco más de una para ponerme a correr y así fue.

Bajada vertiginosa hasta Montroig y de ahí llaneando acoplado con una buena y cómoda cadencia. Fue la parte más aburrida del recorrido.
El sol, que tímidamente se había asomado en su lucha con la humedad constante en el sector ciclista ahora empezaba a ganar protagonismo.

Carrera
Llego a boxes, animado por mucha gente. En menos de 2 minutos ya estaba con un maratón por delante. Veo a mi novia, mi abuela, mis padres y mis suegros ahí y esa es una alegría suprema. Empiezo cómodo, sin apenas notar los 180 km de bici. Cuatro vueltas por delante a un circuito que iba de una a otra punta del paseo marítimo. El sol y la humedad empezaban a molestar y lo sofoco tirándome agua por encima en cada avituallamiento.

Durante todo el tramo de carrera de lo único que me nutro es de cola, agua y trozos de naranja, hasta que se acabaron en el km 30. Tengo la experiencia de la descomposición estomacal de Zurich y la verdad es que pese al Fortasec de primera hora de la mañana no quería volver a repetirla. Esta manera de aportar calorias  e hidratarme me producía muchos gases, pequeñas molestias que no tardaban en ser expulsadas. Además, noto chutes de cafeina que me hacen mantener un buen ritmo, un minisubidón entre avituallamiento y avituallamiento.  En ellos aprovecho para andar un poco, coger oxígeno y afrontar el siguiente tramo hasta el próximo punto.

El ritmo es constante pero decreciente. Hasta la primera mitad logro mantenerlo a 5:30 pero la fatiga se va acumulando. No hay dolor ni sufrimiento excesivo pero muscularmente voy fatigado y hay zancadas en que los músculos no responden favorablemente. 

Me pongo la última pulsera, solo 12 km por delante y ahora todo son pensamientos positivos, hacia mi mismo y hacia los compañeros de club con los que me cruzaba, siempre una mirada, una palabra de ánimo, un choque de manos y cada uno con su calvario. Esta última vuelta se hace dura y el ritmo desciende, sobretodo al pensar en la subidita que había hacia el final de cada vuelta, no muy pronunciada pero en según que condiciones eso era un pequeño Angliru para cualquiera. Al final la cosa se estabiliza en 5:55 el km y los minutos caian en el crono mucho más rápido de lo que mi percepción intuía.

Los últimos dos kilómetros dicen que no se notan y se hacen solos. En mi caso no fue hasta recibir el último avituallamiento y automotivación finales. Estado zombi con mirada perdida al fondo y recibiendo las felicitaciones de mucha gente y voluntarios al verme pasar con la pulsera que marca el final de mi Ironman. 

Llego a la moqueta que daba acceso al arco de finisher y esta vez si que quería salir en la foto de una manera decente. Buscaba la mirada de mi familia, ellos estaban más contentos que yo. Me lo había ganado y me emocionó mucho compartir esa alegría con ellos. O ellos conmigo. 12 horas y 34 minutos para enmarcar.

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Ha sido un IM muy duro que pude completar pese a las dudas sobre mis entrenos. Acabo muy contento, satisfecho con mi faena y de no haber dejado nada en el tintero. Ojalá todos los que tengan que llegar lo hagan teniendo las mismas sensaciones, aunque entrenaré duro para que puedan ser mejores.

lunes, 4 de junio de 2012

Fotos Extrememan 2012, mi segundo IM

A falta de una elaborada, reposada y reflexiva crónica puedo decir que ya sumo a mi palmarés mi segundo Ironman, esta vez en Salou, en el duro Extrememan 2012. En unos días lo veréis todo escrito por aquí.

Quiero aprovechar también para dar mil gracias a todos los supporters, amigos, compañeros de club, participantes, voluntarios, etc que pese al sufrimiento nos llevaron como pudieron a acabar todos, los ocho del Gavà Triatló que allí nos citamos, a colgarnos la medalla de Finisher.

Y a título personal a mi novia, mis padres, mis suegros que estuvieron gritando allí durante todo mi maratón y a la demás familia que desde la distancia me transmitia su apoyo y ánimos. Fue lo que me dio alas.

Dejo un enlace con más de 1000 fotos del Extrememan de Salou 2012 cortesía del gran triatleta, compañero, animador y fotógrafo Emili. Supongo que la gran mayoría de participantes se encontrarán por aquí:

miércoles, 30 de mayo de 2012

All the fish is sold: Las cifras

Está ya todo el pescado vendido. Semana de tappering. Nada planificado salvo la cita del próximo domingo en Salou. Alguna carrerita para arrancar a sudar, un poco de natación y 50 km por las costas de Garraf para engrasar la cadena.

El año pasado, con mi primer Ironman, hacer balance de mis volúmenes de entreno me dejaba mucho más tranquilo para afrontarlo. Tomando como referencia los seis meses previos a la competición estas son las diferencias entre una y otra temporada.
  • Horas de entreno: 234 hs (9,75 semana) / 205 hs (8,5 semana)
  • Ciclismo: 2724 km / 2210 km
  • Natación: 87.000 m / 45.000 m
  • Carrera: 754 km / 545 km
He de confesar que antes de sacar las cuentas creía que la diferencia iba a ser mucho más alta. No obstante, ésta sigue siendo considerable y me hubiera gustado que en lugar de negativa hubiera sido positiva, pero solo por el hecho de que ya voy a tener suficiente con martirizar mi cuerpo en el IM de este domingo, he preferido autogestionarme mediante este escrito para ver esas distancias desde la mejor perspectiva.

Me consuelo pensando que no hay tanta diferencia en cuanto a total de horas invertidas, aquí suman muchas el rodillo y el trabajo de fuerza y flexibilidad. Apenas 20 horas de diferencia entre años o lo que vienen a ser un par de semanas de entreno. La falta de kilometraje en bicicleta lo he compensado con horas de rodillo, muchísimas más que el año pasado. En la natación admito que me he columpiado muchísimo, pero hay que tener en cuenta de que la ventaja aquí viene por haber asistido a clases de mejora en la técnica que espero ayuden a compensarlo todo. Y por último, en la carrera a pie he sufrido una lesión en la cintilla iliotibial de la que poco a poco estoy saliendo y recuperando la chispa habitual.

Así que, con esa visión positiva, a por todas al Extrememan.

martes, 19 de julio de 2011

Crónica: IronMan Zürich 2011, mi primer IM

Una foto finisher que podría haber sido mejor
Después del IM he desconectado del triatlón, de Internet, entrenos y blogs durante una semana de vacaciones de sol, playa y birra. Un merecido descanso físico y psicológico que ha servido para digerir el reto conseguido, asimilarlo, reflerxionar sobre él y sobretodo para recargar las pilas a tope y estar deseoso de volverme a poner manos a la obra.

Esta es una crónica difícil de escribir. Porque es difícil expresar con palabras lo que se siente cuando se acaba tu primer Ironman. ¿Es como acabar el primer maratón? Para algunos puede que sí. Pero entonces seguro que nunca han sido finishers en un Ironman. Es totalmente distinto. El proceso de entrenamiento, mucho más psicológico que físico, es largo, duro, lleno de altibajos... los que soléis seguir mis andanzas ya lo habréis comprobado. Y durante la carrera, siempre en solitario, tan solo tú y tu capacidad de sufrimiento -pese a los siempre agradecidos ánimos y gritos del público y los que te rodean-. Una vez se rebasa la línea de finisher todo se convierte en alegría, en emoción contenida, en ojos humedecidos, en recuerdos a aquella persona que desde que tan solo era un prebenjamín siempre me venía a buscar a todos mis entrenos y me llevaba a todas las competiciones, ya fuera en deporte escolar o como federado en atletismo. Mi abuelo se hubiera sentido orgulloso de que su nieto, aquel a quien "le pesaba el culo" en las carreras y llegaba siempre en el vagón de cola haya completado su primer Ironman en 12:09 horas. Mi pensamiento al entrar por el arco de meta era para él, por apoyarme siempre en todos mis proyectos, locuras y propósitos. Ahí va la primera crónica de muchos IM por venir:

Días prévios

Tranquilo y seguro. Sabía que sería finisher si no había desgracias. El entreno acumulado y los retos previos conseguidos me habían dado toda esa seguridad. Así que mi única preocupación era disfrutar, pasarlo bien y disfrutar. Llegué con días suficientes para aclimatarme a Zurich. Fue un gozo compartir esos días, conversaciones, bromas, la Welcome party en compañía de mi novia y la expedición del Gavà Triatló: Lourdes, Alfons, Joan, Carlos, David, Gerardo, Lucy, Aurelio, Dani, Laia, Cristina, Iván el coach, más acompañantes y familia, dándolo todo. Éramos el Equipo Z, y todos los que competiamos, excepto dos de nosotros, debutábamos en la distáncia.

Natación
Aunque soy pez de plomo esta vez no me preocupaba lo más mínimo este segmento. La táctica era no ponerse nervioso, ir tranquilo y a mi ritmo, con la mente en blanco y tan solo pensando en no agotarme innecesariamente con pensamientos y movimientos inútiles. Nada más salir parece que todos estos planes se van a trastocar. Recibo una patada en la muñeca con tan mala suerte que me arrancan el Garmin de cuajo. "Hay que buscarlo, no estoy dispuesto a perder 300 euros en el fondo de este lago". Pues imaginadme buceando en medio de una marabunta de atunes y bonitos enfurecidos en una salida de Ironman con 2000 inscritos. Entre tanto chapoteo veo mi Garmin difuminarse en el fondo y hundirse lentamente emulando a Leonardo DiCaprio en Titanic, cuando su novia lo deja caer muerto al fondo del oceano... Pues así, recibiendo golpes y en medio de toda esa espuma de chapoteos alargo la mano, lo agarro, se vuelve a escapar, buceo más hondo y ahí lo tengo. Benditas Zoot Predator. Con dificultad meto el reloj entre mi neopreno. Ahora sí, no pienso más en la suerte que he tenido. Me tranquilizo y empiezo a nadar.

Iba genial. Muy tranquilo. Pocos golpes y nadando a mi bola. Una boya, dos boyas y paso por la isla que marcaba la segunda vuelta, un hito tranquilizador magno para nadadores como yo. Sonriente siempre al pasar por delante de los compañeros de club que gritaban animando. Segunda vuelta igual, sin contratiempos y con el agua muy caliente. Nada a destacar salvo que fui muy tranquilo, sin apurarme ni cansarme, como si hubiera sido un calentamiento. Quiza demasiado relajado, pero teniendo en cuenta que era la primera vez que cubría esa distancia de un tirón ya estaba más que satisfecho. Y la de gente que venía detrás. Preveía salir entre 1:15 y 1:25 horas. Al final lo hice en 1:28 aunque mucha gente dijo después que le había dado la sensación de que podría ser que se hubiera nadado 4000 metros en lugar de los 3800. En cualquier caso tampoco se me habían trastocado tanto los planes y con la correa del Garmin rota y el reloj en un bolsillo aquella patada al principio de la natación me había venido a decir que no debía mirar el reloj ni preocuparme de ritmos ni velocidades para nada. Así que decidí guiarme únicamente por sensaciones y mirar el reloj tan solo en las transiciones.

Ciclismo
Esto se preveía largo, así que miro de hacer un transición tranquila, colocárme toda la ropa bien, para no olvidarme detalle. Decido ir sin guantes ni manguitos por el sol radiante que despuntaba, aunque anunciaban lluvias al empezar la tarde, confiaba en haber bajado de la bici para entonces. El trazado llano de los primeros kilómetros tienta a uno a engrescarse y a darle a los pedales, pero me contengo. Me como un sandwich del mejor jamón ibérico que traje de Barcelona y me hice la noche previa. La clave sería la alimentación y la hidratación racionada pero constante. Como había decidido no mirar el Garmin para nada no tenía más referéncias kilométricas que las que la organización había marcado. En las primeras rampas veo un mono del Gavà y distingo a Alfons, que salió un par de minutos antes que yo del agua. Me pregunto si no iré demasiado deprisa. Compartimos unos cuantos quilómetros juntos y cuando empieza la subida constante, allá por el kilómetro 50 vuelvo a ver otro par de uniformes del Gavà, el primero de ellos es Carlos que me comenta que Gerardo va por delante. Decido ir a por él y acompañarlo como mínimo la primera vuelta, él ya ha corrido este IM, así que me servirá de ayuda. Vamos charlando y a ritmo vivo durante unos 25 kilómetros, hasta la apoteósica y emocionante subida de Heartbreak Hill, una tachuela de unos 600 metros bastante empinada pero repleta de tanto público que obliga a los ciclistas a avanzar en fila de uno. Es realmente emocionante y si uno no está acostumbrado a estas cosas sube con la piel de gallina. Al iniciar el descenso se me salta una -o dos- lagrimillas. Aquellos gritos me han vuelto a recordar dónde estoy, qué es lo qué estoy haciendo y cómo ha costado llegar ahí. 

A por la segunda vuelta. Otros 90 kilómetros más y habré acabado. Ahora ya voy en solitario. Lleno de energía. No sentí necesidad de nada, ni sed, ni vacio de estómago. Por el recorrido me entretenía en mirar los nombres de los dorsales que me adelantaban, los que adelantaba yo. Al cabo de un rato se invertían las tornas en una especie de juego de relevos con la diferencia que el espacio entre ambos solía de ser de varias decenas de metros. Ahora iba con ventaja porque volvía a pasar por los mismos lugares. A falta de 50 kilómetros me empiezan a doler los pies, y quedaba la peor parte. Resulta que por primera vez en mi vida como triatleta me olvidé mis zapatillas de ciclismo, las de calas, y tuvo que ser precisamente en esta ocasión. Se las pedí a Aurelio, compañero del Gavà que no competía en el IM y a pesar de que me venían bien, al cabo de 130 kilómetros empezaron a aprisionarme el pie de una manera muy incómoda y cada vez más dolorosa. No había nada que hacer, ni aflojar el ritmo servía. Lo único que quedaba era soportarlo estoicamente y ver los kilómetros pasar y también las grises y amenazantes nubes acercárse cada vez más. Por suerte empezaron a descargar de manera suave cuando ya estaba en la segunda subida a Heartbreak Hill, esta vez ya sin apenas público. La bajada tiene que ser algo más lenta por precaución pero ya estoy en la carrera, y correr con lluvia me encanta. Había calculado una bici entre 27 y 30 km/h y acabar en 6:39 horas entraba dentro de los planes, o sea que genial.

Carrera
Hago una transición muy rápida de minuto y medio. Me encuentro genial, nada cansado en ningún sentido. Sin hambre ni sed y encima ya me he quitado las zapatillas que me apretaban y me he puesto las que me gustan más, las de run. A punto de afrontar mi tercera maratón, la primera tras 3,8 km de nado y 180 de bici. Miro el reloj -tan solo lo miraba en las transiciones- me animo al ver que si corro según mis planes entre 5:15 y 5:25 sería finisher en menos de 12 horas, toda una proeza para mi.

Paro a mear, largo. En los primeros kilómetros veo un pro, con el dorsal 9, Ueli Bieler. A él le quedan unos 15 km y a mi 42, pero parece que va a un ritmo que para mi es facil seguir, aunque no tengo ni idea de cual es, pienso que teniendo en cuenta que él está acabando y yo empezando el maratón debe estar más tocado que yo. Me engancho a él como una lapa no sin el temor de quemarme por ser tan osado. Él no deja de mirarme de reojo como diciendo qué demonios hace un pringao como yo comiéndole la suela. Gracias a eso empiezo a adelantar y a desdoblar a muchísima gente. En el km 13 él mete el último apretón de los 2 kilómetros finales y yo continuo al mismo ritmo, ahora sí, parándome a comer bien en los avituallamientos. 

A partir del 12 empieza lo peor de la carrera. Nada de cansancio, ni de mente. Retorcijones. Gases. El perrete asomando el hocico. Cojo un par de esponjas y voy al baño. Miro el reloj, más que nada para calcular cuanto me demoraba, 15 km y 1:15 horas, a 5 pelao. Voy muy bien y encima no hay atisbo ninguno de que la cosa vaya a ir mal, apenas queda algo más de medio maratón. Pues nada más lejos de la realidad. Los retorcijones y gases siguen, para colmo deja de llover y sale el sol apretando muy fuerte, hubiera preferido otro poco más de lluvia. Veo a mi novia al poco, me acerco, la beso y le digo que sólo me queda la mitad, que voy muy bien, pero que me cago todo el rato. En el 23 otra parada técnica. Los kilómetros pasaban rápido, eso sí, pero pese a que pensaba que ya quedaba poco mi estómago me decía que no, que me iba a estar molestando a muerte. Paso por delante de Iván y Dani que me gritan que si sigo así bajo de 12 horas seguro, "si mi estómago me deja encantado". Ahora lo único que hago es beber agua y parece que la cosa se calma pero noto que necesito algó más que eso y tengo que volver a comer. Por eso, una tercera parada técnica más, la peor, pero con la esperanza de aguantar esos últimos siete kilómetros que me quedaban cuando tiré de la cadena. Estaba harto de pasar a corredores, meterme en el lavabo y al salir volverlos a pasar. En fín que para la próxima además de geles y barritas también iré preparado con un par de Fortasec. 
Mi cara, a escasos metros de la meta
En los últimos dos kilómetros todos los males se pasan. Hay un armisticio estomacal. Voy en una nube, parece que todo el público me anima a mi. A pesar de todo voy a hacer el maratón en menos de 4 horas. Veo a mi novia, me detengo, la beso y me regocijo en recorrer la alfombra azul que lleva al arco de llegada. Cuantas emociones, pensamientos y piel de gallina. Ya lo tengo, ha sido duro sí, pero pudo haber sido mucho peor. Por fin he acabado. 

Soy FINISHER.

martes, 7 de junio de 2011

Crónica: Half-Challenge Barcelona Maresme 2011

Un medio IM que no entraba en mis planes. Pero un portento compañero de club que ha estado enfermo me cedió su plaza, está recuperándose aún pero por suerte va avanzando. Lento, pero va avanzando. Desde aquí todos mis ánimos para ese monstruo, no sabes las ganas que hay de compartir series, tiradas, transiciones y competiciones codo con codo luchando por nuestras mmp's. Ya muy pronto de nuevo, seguro.

Y me planto el día de antes en Calella en un triatlón. Dejando la bici en boxes el día de antes, los trastos de la natación, el ciclismo y la carrera en unas bolsas aparte en una carpa. La verdad es que nunca había participado en uno donde la organización fuera así y parezco un novato. Después de eso, haciendo tiempo para ver como el Barça gana su cuerta copa de Europa. Desgraciadamente no hay tiempo para celebraciones y al hotel, contento por la victoría de los culés, motivado y con muchas ganas para el día siguiente. Juega a favor el conocer el circuito de bicicleta que además es llano y rodador. Amanecemos temprano, desayunamos, nos preparamos, nos encontramos con amigos y compañeros que se han acercado a animar y con el neopreno enfundado esperamos nuestro turno en la salida al agua, que se hacía por grupos de edad. El mio, 25-29, gorro rojo... Ahí va la crónica.

Natación
Salida nada accidentada. El hecho de nadar por grupos de edad favorece a ello, así que pese a que no había podido calentar de seguida cojo un ritmo cómodo para mi respiración. Mar en calma chicha, buena temperatura y visivilidad, sin atisbo de medusas. Me había propuesto salir muy calmado, muy tranquilo, a un ritmo nada estresante. Y pese a ello me veia inmerso en un grupo, siguiendo pies fácilmente. La primera boya llega en un santiamén. La segunda no tanto, pero el trozo que nos separaba no se me hace demasiado pesado. Al hacer el segundo giro, en la segunda boya, de vuelta al punto de destino del rectángulo a trazar, no sé bien lo que me ocurre. Sigo igual de cómodo pero parece que nado más lento. O los demás más rápido. El caso es que a mi lado los nadadores con gorro rojo van escaseando y empiezan a aparecer de otros colores. No precisamente los de la salida anterior, si no los de la posterior, que me estaban atrapando a falta de 800 metros para completar. Bueno, como mínimo no acabo cansado, pero quizas sí que tengo la sensación de que podía haber apretado un poco más, pues a pesar de ser un segmento con 300 metros menos que en mi último medio IM de Banyoles tan solo tardé un minuto menos.

Ciclismo
Transición más lenta si cabe. El neopreno como siempre, dando problemas en los tobillos. Nada más llegar a casa le recorto esa parte. Imposible no encontrar mi bici en boxes. Solitaria, esperando a su jinete se encontraba colgada en la barra. ¿Habría valido la pena la espera? Salgo al circuito y empiezo a habituar las piernas callejeando por el pueblo. Entramos en la N-II, primeros kilómetros de subida y viento algo en contra. Voy bien, adelantando a gente. Los pros empiezan a pasar como tiros, con sus tubulares silbando por el viento. Me acoplo durante casi todo el trecho a Mataró. Bebo cada 5 o 6 quilómetros algún sorbo. Un gel cada 20 y dando bocados a la barrita y a los sólidos de los avituallamientos. De vuelta a Calella, con el aire a favor la media sube bastante y es menos pesado. Punto de giro y subidón de gente animando y algún espartano del Gavà Triatló. Repongo el bidón de agua y doy un volantazo al cogerlo que me hace verme más en el suelo que sobre la bici. Por suerte no pasó nada y por segunda vez de vuelta a Mataró. Sigo acoplado casi siempre, pequeños repechones incluídos. Adelanto a más gente de la que me pasa a mi, supongo que recupero bastantes posiciones pero la verdad es que salvo la velocidad no le voy haciendo demasiado caso al crono. En el último giro de vuelta el aire parece que no va tanto a favor, sinó más bien lateral. También se nota que me he exprimido en los kilómetros anteriores y la potencia desciende, pero no demasiado. Llegada a Calella. Vuelta a callejear y a boxes. Me meo.

Carrera
Preparado para correr. Orino. Tanta agua en el cuerpo que no basta con el sudor para expulsarla toda. Después de un minuto pienso "tio, estas corriendo un triatlón, acaba ya que llevas dos minutos chorreando..." Por fin corto el grifo. Salgo a buen ritmo, no muy fresco, pero no demasiado cascado. Velocidad ligera que me permite ir adelantando a corredores constantemente, qué bien, eso que me llevo. Sobrepaso a un pro, que por supuesto ya me llevaba doblado, se ve que iba tocadete, pero aún así me autoestimulo pensando que no iba tan mal. 4:20 - 4:30 y me voy cruzando con compis de club. Saludos cómplices. Después de 7 kilómetros el cuerpo, de manera que no lograba entender empieza a perder fuerzas pese a que como y me hidrato y todo sin sufrir, pero el esfuerzo en cambio ya no era para ir más deprisa, sinó para no ir más despacio y desciendo a 5:10 el ritmo y caen los segundos al crono como moscas, mucha diferencía con el último. En el kilómetros 10 el sol me pasa factura. Mucho calor y botellas de agua vaciadas sobre mi cabeza. Me arrastro bastante y ya tengo ganas de llegar, la verdad. Los avituallamientos se convierten en pequeñas metas y el degoteo de adelantos se detiene e incluso empieza a invertirse y ahora el sobrepasado soy yo. Menos mal que los ánimos de los amigos, compañeros y conocidos que se han acercado hacen maravillas, no se sabe eso bien hasta que no lo vives en tus carnes. Gracias por ello. 

Llego a meta, unos minutos más tarde de lo previsto, pero muy contento y emocionado, pues la mente, en el sufrimiento y el fragor de la carrera, carbura de otra manera y los pensamientos y la percepción de los sentimientos toma otros caminos. Ya tengo mi quinto medio IM en la saca. Ahora solo queda doblar esa distancia de una sola tacada en cosa de cinco semanas, para que esa emoción de cruzar la línea de meta se eleve también al cuadrado. O al cubo.

lunes, 26 de julio de 2010

El reto deportivo más importante de mi vida

Hoy, bueno, mejor dicho, ayer, Toni, Gerardo, David, Xavi, Pedro y Sara han cruzado la meta de uno de los retos seguramente más importantes de sus vidas, el de acabar un Ironman. Para la mayoría de ellos el debut en la distancia, con todo lo que eso implica. Aquello que nadie se imagina hasta que uno no se embarca en esa aventura por primera vez. ¡Enhorabuena! Para mi ya soys unos referentes a imitar.

Alentado por ese espiritu finisher acabo de formalizar mi inscripción para el Ironman de Zurich 2011. No es una decisión precipitada, ni muchos menos. Es una decisión muy meditada, muy consciente de todo lo que conlleva, pensada... Seguramente es difícil ahora de expresar con letras todo lo que me pasa por la cabeza a estas horas de la noche... Es probable que algunas de esas emociones vayan desgranandose y cayendo como higos maduros durante los próximos 365 días. 

Pero quizás lo mejor de todo este largo camino, que empecé hace un par de años simplemente aprendiendo lo que significaba la palabra "triatlón", va a ser que me voy a sentir arropado, y apoyado por los mios. No solo va a ser un sacrificio personal, va a ser un sacrificio colectivo, con la familia, con la pareja, con los amigos y compañeros... Son lo que me van a intentar llevar en volandas hacia la meta. Si al final del camino el triumfo llega, no será únicamente un mérito mio; también el de ellos y el de otros muchos compañeros de club que van a estar conmigo en la linea de salida de un lugar así por primera vez, o apoyando en la distancia. Y también acompañándome en interminables kilómetros por tierra, montañas, mares, lagos, caminos, carreteras, asfalto, nieve, bosques...

[...] Me voy a soñar con un sueño, que ya es tarde. 

Continuará,,,

martes, 2 de febrero de 2010

La larga distancia llama

Mi bagaje en competiciones deportivas es más bien escaso. Tan solo he corrido un triatlón, un duatlón y algunas medias maratones y carreras de 10 kilómetros, es más, si sumamos todo, aún no llevo ni un año metido en esto. Pese a todo, y con tan solo esa experiencia, me he inscrito para el VII Triatló Internacional B de Banyoles, mi primer triatlón de larga distancia. El ambiente de equipo en el Gavà Triatló, los argumentos, ánimos y consejos de algunos compañeros y entrenador y sobretodo las sensaciones en los entrenos y la superación de barreras psicológicas me han hecho dar el paso.

El próximo 25 de abril, justo un año después de mi primera competición como senior, tendré que nadar 2.200 metros en el frio lago de Banyoles, montar durante 80 kilómetros en bicicleta y correr 20 kilómetros para rematar las piernas. Algunos lo ven como una locura, otros como un acto de superación, un objetivo. ¡A por todas!

 
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