Ho van aconseguir perquè no sabien que era impossible
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martes, 6 de diciembre de 2016

De clic fácil, apuntándome a un montón de carreras

Aprovechando este largo y sostenido periodo de entreno regular era tan solo cuestión de tiempo que empezara a engorilarme apuntándome a distintas pruebas de las que tenemos por aquí cerquita. Así que mi mano se ha vuelto de clic fácil y no me ha quedado más remedio que ir apuntándome a competiciones para volver a revivir que es eso de ponerse regularmente un dorsal y de paso también aprovechar la competición para probarme en los ritmos más altos.

Lo más inminente es La Sansi de Viladecans, así, a la brava, este mismo domingo 11 de diciembre. Mi intención es hacer un 10K algo ligero de ritmo, o sea, para comprobar lo que puedo aguantar. Fue aquí donde hice hace ya bastantes temporadas mi mmp en 5K aunque no volveré a repetir la distancia.

La segunda prueba es la clásica Cursa dels Nassos de Barcelona el 31 de diciembre por la tarde para ir haciendo sitio a las uvas. Una carrera que ya he corrido en varias ocasiones y que me hace mucha ilusión volver a repetir. Además, con los resultados de La Sansi de Viladecans podré jugar un poquito para saber si aguantaría o no.

El 15 de enero de 2017, con el nuevo año, correré la Mitja Marató de Sitges, otra de las pruebas que he corrido en varias ocasiones. Lo haré casi un año después de mi último medio maratón en Gavà, así que la intención será la misma que con los 10K de esta semana, comprobar lo que puedo aguantar y tener una primera referencia de tiempo. Años atrás iba a correr esta carrera en bicicleta desde casa y después vuelta por el mismo camino pero creo que este año no lo haré...

El mismo mes de enero, el día 29 estoy apuntado para correr el Duatló de Granollers en el circuit de Montmeló. Recuerdo la prueba con especial cariño porque competí en la primera de las ediciones, cuando llevaba ritmos más altos que los de ahora. Desde entonces la prueba ha ganado bastante popularidad y tiene el aliciente de que el Gavà Triatló se ha apuntado en masa a esta prueba.


Por último el 21 de mayo estaré en la Gran Fondo la Mussara de Reus. También fue una de las pruebas en las que participé en su primera edición. La principal diferencia es que por aquel entonces lo hice en la distancia corta y en esta ocasión me he apuntado a la distancia larga. Serán 189 kilómetros y 3.200 metros de desnivel que me dan mucho respeto. He ido por esas carreteras en varias ocasiones y es un circuito de dientes de sierra, rompepiernas para el que espero poder tener tiempo para prepararme. Quizás sea uno de los momentos más importantes de esta temporada.

Hasta el momento estas son todas las pruebas de mi calendario que va ampliándose. Todas tienen varios alicientes y ventajas: las conozco de haber participado anteriormente, me motiva el volver a verme en forma para competir y me sirven como nuevo punto de partida para empezar a conocer mis ritmos en competición. Y la ilusión de volver a escribir las crónicas...

miércoles, 23 de julio de 2014

Crónica Treparriscos 2014

Seguimos en racha con las actualizaciones. Y esta es la última de mi escasa presencia en eventos deportivos esta temporada. Fugaz y sin ni siquiera fotos. Así ha sido mi paso este año por la Treparriscos, la hermana pequeña de la Quebrantahuesos. Cuatro años seguidos llevo ya acercándome a Sabiñánigo el penúltimo fin de semana de junio y este ha sido el único que no he podido hacer la Quebrantahuesos. Es obvio. Con la falta de entrenamiento y la dureza del trazada, que ya he sufrido muy bien otros años, hubiera sido una osadía bastante imprudente intentar acabar. Y si lo hubiera hecho, creo que hubiera sido contraproducente a nivel psiquico y físico.

Con un par de meses de antelación ya hice el cambio a la Treparriscos, justo la mitad de distancia y con un puerto (y medio). Así que, como me conozco sabía que eso era mucho más asequible a mi estado de forma a pesar de todo. Cien kilómetros los acaba uno sí o sí. Y así fue. De paso me sirvió para conocer una ruta bastante bonita. Fui en bici por sitios que no había ido y descubrí nuevos caminos.

Qué decir de mi carrera. Sufrí mucho a pesar de tomármelo con muchísima calma. Sin referencia ninguna pues iba sin cronómetro ni cuentakilómetros pero contento. La subida a Cotefablo bien. Con recompensa de avituallamiento tras coronar. Otra cosa fue la subida al tunel de Fiscal. Pero una vez pasado, la bajada a Sabiñánigo es genial para ir a la máxima velocidad. Contento de estar rodeado y arropado de mi familia en un día que ya es un punto rojo en el calendario.

El año que viene espero repetir la Treparriscos de nuevo pero esta vez acompañado de una persona muy especial que jamás ha montado en bicicleta... Ya contaré por aquí.

miércoles, 25 de junio de 2014

Crónica: Polar Gran Fondo La Mussara 2014


Como tengo varias crónicas pendientes y cosas que contar y el tiempo y la pereza para hacerlo es el que es, voy a empezar por la primera, varias semanas después, con la primera edición de la Polar Gran Fondo La Mussara del pasado 24 de mayo en Reus, a la que iba casi con lo puesto, sin entreno. Poco a poco las demás.

Pues como iba así sabía que ni mi cuerpo ni mente estaban preparados para aguantar ese trazado de 200 kilómetros. La alternativa era la marcha corta, de 100, asequible con mis pocas salidas. El recorrido espectacular, dientes de sierra, un no parar de pedalear, buenos paisajes, carreteras en buen estado y el atractivo principal de la salida al puerto de La Mussara, que ya conocía de aquel extinto Extreme Man 226 del año 2012.

Salía a disfrutar y a sufrir poco, pero uno siempre uno se anima y le da un punto de aceleración al final acabé sufriendo como el que más. A pesar de eso, un ritmo muy discreto, sin mirar el cuentakilómetros, parando en todos los avituallamientos y pedaleando tal y como me dejaban las piernas que era menos que lo que permitía mi capacidad aeróbica. A nivel muscular mucho que mejorar.

Organización muy buena, salvo por la porquería de macarrones que nos dieron al finalizar la prueba. Me gustó mucho el planteamiento del evento. Buen ambiente y buenas perspectivas para esta carrera a cargo de la empresa Win (Extreme Man, Triathlon Series). Tengo pendiente disfrutar el año que viene de la larga.

Volviendo a reir y con la compañía de la grupeta del 3oX, antiguos y futuros compañeros de fatigas en cuanto el ritmo empiece de nuevo a no parar.

jueves, 22 de mayo de 2014

Colgarse un dorsal tras ocho meses en la Polar Gran Fondo La Mussara

Ocho meses han pasado desde que me colgué por última vez un dorsal y todo este tiempo se puede resumir como los peores ocho meses de entreno desde que abrí este blog. No es novedad porque no hago más que hablar de ello en mis escasas últimas entradas por aquí, así que no voy a reiterarme en el tema de nuevo. A pesar de todo hay un atisbo de esperanza en lo que se refiere a la situación personal y laboral. Parece que hay algo más de luz y estabilidad al final de este largo túnel, con lo cual, si hay equilibrio en lo uno, puede haberlo en lo otro. Vivo estas semanas de transición al nuevo periodo vital con la incertidumbre de no tener nada atado pero con la esperanza de que todo mejore y recuperar todo lo bueno perdido y perder todo lo malo ganado.

Dejando de lado rollos personales, iba a decir que este sábado volveré a ponerme un dorsal. Será en la Polar Gran Fondo La Mussara en Reus, una cicloturista de estreno organizada por Win que me hará revivir momentos de mi segundo triatlón en distancia Ironman, el malogrado Extreme Man 226 de 2012. En un principio estaba inscrito para hacer el circuito largo de 189 Km, iluso de mi pensé que iba a entrenar. Pero no, a última hora he cambiado al circuito corto, de 97 km. Lo cierto es que voy algo cagadillo porque mis contadas salidas de bici apenas han superado en menos de cinco ocasiones los 60 km... Globerismo al poder y ritmo tortuga.

Participo en la prueba como prensa acreditada vía Eurotri, el medio en el que soy redactor, y estoy seguro que a nivel organizativo no va a decepcionarme. A nivel deportivo, todo sea tomárselo desde un punto de vista realista y salir a disfrutar y sufrir contento (paradoja) de volver a colocarme un dorsal y vivir de nuevo una prueba desde dentro.

martes, 25 de junio de 2013

Crónica. Quebrantahuesos 2013

Tercera Quebrantahuesos a la saca. Ha sido la más rápida de todas, con un tiempo de 8:14 horas, media hora menos que mi mejor crono (200 Km y +3500 desnivel). Sin embargo, no pude cumplir mi objetivo que era el de bajar de 8 horas. Lo tuve al alcance, pero unos calambres infernales en las piernas como jamás había sufrido tuvieron la culpa. 

Fue en el ascenso de 27 km al Portalet y más tarde, en Hoz de Jaca... Esos preciosos minutos perdidos culpa del engarrotamiento muscular. A pesar de eso, muy contento con mi rendimiento. Fue bueno, me sentí que hice lo que pude y estuve siempre con fuerzas. 

Como nunca antes había tenido semejantes calambres en las piernas puede que pecase por falta de hidratación. Aunque no fue el caso, más bien fue pérdida de sales minerales, y es que pese a que bebí agua en abundancia, apenas ingerí isotónico hasta que los dolores aparecieron, cuando ya no había remedio, así que ese fue el error que quizas tuve y no volveré a cometer. Ahí va la crónica.

Salida rápida, como viene siendo habitual. Ascenso ligero a Somport sin más complicación junto a Gerardo y Pedro, compas de fatiga. Una vez coronado rápido nos separamos, cada uno a su bola.

Aproximación al Marie Blanque, el más temido. Mi plan era ir a mi ritmo, sin fijarme en nadie más que en controlar mis pulsaciones. A mitad de puerto la cosa se pone muy cuesta arriba, y muchos de lo que me adelantaron en los primeros kilómetros ahora iban quedando atrás. Los cuatro km finales se hicieron largos, muy duros y muy lentos, pero no agónicos como el año pasado. En el descenso ya empiezo a sentir algún amago de calambre. Llego al avituallamiento que hay a mitad de bajada. Parada rápida a llenar bidones, me cargo de geles y bebo mucho isotónico, que hasta ese momento no había bebido.

La aproximación al Portalet es rapidilla, no miro el crono pero sé que voy bastante más ligero que el año pasado. Empieza el ascenso y los calambres aparecen. El único remedio que hay es seguir pedaleando a pesar del dolor, de lo contrario se hace insoportable. Como el Portalet es un puerto tendido en los tramos más llanos no hay dolor y avanzo, pues he ido comiento bien, pero a la que el % sube un poco, vuelve a aparecer el dolor.

Los 27 kilómetros pasan mucho más lentos de lo que era capaz de pedalear. Culpa del dolor. Empleo la típica tactica de fijar un punto lejano como meta virtual para ir comiendome los tramos. Y al fin llego arriba, casi llorando, nunca me había pasado. Miro el crono y veo que mucho tendré que correr para conseguir bajar de 8 horas, es casi imposible con esos dolores.

En la bajada apenas hay calambres de piernas, pero alguno aparece. El cuentakilómetros se pone en 80 en algún trozo. Sufrimiento máximo en la tachuela de Hoz de Jaca y descenso peligroso.

En los últimos km hasta meta la carretera tiende a bajar y nadie entra al relevo. Si te toca delante te vas a comer un buen puñado de kilómetros tirando. A mi me tocó ir delante un rato, pero con ese dolor en las piernas no pensaba correr el riesgo de quedarme descolgado por el esfuerzo. Y la gracia es que empiezo a bajar el ritmo, y nadie me pasa. Nadie... Al final hay uno que se animó, pero no para relevarme, sinó para saltar. Menos mal que el grupo que llevaba detrás era grande y no me dejó en la estacada.

Último kilómetro y deseando llegar. A falta de 300 metros el de detrás mio se tropieza con un cono y cae. Menuda desgracia de la que me libré. Llego a meta extenuado, dolorido pero feliz, porque superé el dolor  de los calambres y me vacié. La satisfacción por el esfuerzo fue alta.

Ya tengo otra Quebrantahuesos a la saca y estoy seguro que la próxima vez que la haga será apoteósico, no me voy ni a conocer. Me quedué con el gusanillo de ver que hubiera sido de mi sin los malditos calambres. Hambre de competición tengo.

viernes, 3 de mayo de 2013

Crónicas: Brevets 200K y 300K del CC. Aragonés

Hace tanto que no escribo en el blog que voy a comprimir más de 500Km de crónicas en unos pocos párrafos, a la brava, sin explicar demasiado. Solo para dejar constancia.

El último fin de semana de marzo y el último de abril he participado en mis dos primeras Brevets con el Club Ciclista Aragonés. El Sábado Santo la de 200Km. Llóvío lo que no está escrito y el cierzo no se quedó tampoco corto. De los 210Km que pedaleamos, pasamos mojados bien 150 de ellos. No había chubasquero capaz de evitar que uno acabase empapado. La bicicleta llena de barro, la cadena sin grasa... En los últimos 60Km tres compañeros le metemos un arreón con la carretera picando hacia arriba y el viento en contra. Y cuando quedaban unos 30 voy muerto muscularmente. Las piernas no me van y me escondo detrás de la pareja para llegar lo mejor posible a casa.

El pasado 27 de abril era la primera vez que iba a completar 300Km en bicicleta. Salida de noche, con luces y otra vez lluvia y viento, solo que ahora con un frío insoportable. Voy bien abrigado, calcetines impermeables incluídos, pero el agua resbala por la pierna y se cuela por el borde del calcetín hacia los pies y se mojan... Los primeros 70Km se me hacen larguísimos y solo imaginarme que me quedaban más de 200 con esas condiciones de tiempo se me hace un muro. 

Llegamos a Cariñena y empezamos a ascender el puerto de Codos, a unos 1000 metros. ¡Por la cota 700 se pone a nevar! Y en el descenso los pies los tengo ultracongelados. No puedo recordar tal frío en los pies en mi vida, pocas veces los habré tenido así. Paramos a almorzar en Calatayud, me cambio de calcetines. Me toco los pies pero solo siento el tacto en mi mano tocando algo inerte y gélido. El pie no siente nada.

La lluvia definitivamente ha arreciado y empieza a asomar el sol. Ya no llovería en todo el día. Los siguientes 150Km los paso relativamente cómodos. A pedaleo cómodo y sin sufrir. Cuando quedan 60Km para los 300Km aún me noto con muchas fuerzas y sin fatiga muscular ni física y aunque el viento sopla en contra y lateralmente voy bastante tiempo encabezando la grupeta. Nos quedan 15Km y sufrimos una caída bastante aparatosa de un compañero. Esperamos a la ambulancia. Lo que tuvo que ser una Brevet con lluvia, frío, viento, nieve, desniveles, risas y sol se fastidia por el azar desafortunado y una caída tonta. Por suerte recuperándose el amigo.

Me sorprendí bastante pues con 300Km en las patas aún podía dar más de mi. La clave fue no forzar el ritmo, buena hidratación y nutrición. Lo demás es solo dar a los pedales. Buena dosis de fondo muscular.

domingo, 1 de julio de 2012

Crónica: XXII Quebrantahuesos 2012

Este era el segundo año que pedaleaba los 205 km con más de 3700 m. de desnivel acumulado que componen la Quebrantahuesos. Repetía ilusionado por ver si mejoraba algo mi crono. Pero apenas si hubo mejora. Haciendo un balance posterior me siento orgulloso de haber completado otra vez esta cicloturista. Pese a mi estado de ánimo optimista por lo que se ve mis músculos aún no habían olvidado el Ironman que tuvieron que soportar tres semanas antes. Todo eso además sin haber pedaleado un solo kilómetro desde aquel mismo día. Y es por eso el por qué de la siguiente crónica.

Mucho más tranquilo que el año pasado, sin los nervios de enfrentarme por primera vez a una distancia de esa magnitud y con la confianza de conocer el circuito. Salimos como siempre en un peloton con más de 16.000 ruedas girando al unísono y yo acompañado por algunos compañeros de club y amigos. Como es habitual en esa gran masa de aluminio y carbono en movimiento se rueda a una velocidad muy alta sin apenas esfuerzo y cuando toca encarar la primera subida al puerto de Somport de unos 20 km, la coronamos hacia el km 55 y casi sin desgaste. La bajada, rápida y fresquita, ya en la parte francesa y cara norte con niebla amenazando al fondo pero que no llegó a estorbar. Paravientos para evitar el frio y en unas 3:30 hs. ya estamos en el km 100 a punto para subir al Marie Blanque.

Iba con un colchón de más de 30 minutos más rápido que el año pasado, pero quizás también me había alimentado menos a esas alturas y supongo que eso lo pagué algo. Subiendo el Marie Blanque con una primera mitad dura y otra segunda muy dura. Pero esta vez no fue muy dura sino durísima. Iba muy atrancado y la cuesta era mucho más empinada de lo que recordaba. Se me caen las gafas ahí en medio. Me bajo y no puedo volver a subir a la bici si no es por un espectador que me ayudó a coger impulso y así poder encajar las calas. Apretando los dientes al máximo y con un 100% de ritmo cardiaco se me pasa por la cabeza incluso bajarme a caminar, cosa que mi orgullo me impide hacer. Quedan 2 km y cuando cruzo la pancarta aliento mi ánimo diciéndome que quedan solo 1000 y pico metros, 900 y pico al cruzar el cartel del último km. Corono al mil. Parada para coger aire, comer algo, un gel... y bajada descansando del esfuerzo. Llego al avituallamiento grande y nos reagrupamos todos los coleguillas. Reponemos fuerzas y vamos hacía el último. Hacia Portalet.

Aún llevo bastante colchón de mejora pero la fatiga empieza a acumularse. Quedan unos 100 km por delante, y más de 30 serán de subida. Cuando empiezo la ascensión del Portalet ya noto yo que se me va a hacer más pesado que en la anterior edición. Además, el sol pica bastante más y esos grados se notan en el ánimo y la comodidad. Bebo mucha agua y en el avituallamiento intermedio del puerto lleno mi cuarto bidón de un litro, aún me quedarían dos más. Me encuentro con un amigo y le digo que se me está haciendo muy duro, él me dice que también. Juntos empezamos con la segunda mitad a nuestro ritmo y cadencia. Hace un año a estas alturas yo me encontraba pletórico y no hacía más que adelantar a ciclistas. Este año las tornas se invirtieron. Me arrastraba bastante y subia clavado, pero aún quedaba energia suficiente como para llegar arriba con dignidad.

Los últimos 50 km, de vuelta a Sabiñánigo tan solo tenían la dificultad del pequeño puerto de Hoz de Jaca, que con ese cansancio se convertía en otro pequeño Marie Blanque. Ya no podía forzar mucho más y era el instinto lo que hacía girar mis bielas para llegar arriba y cumplir con la última parte del recorrido, llanito y sin complicaciones en un principio.

En los últimos 20 km mi barra de energía llega al rojo y empiezo a ir muy lento. No aguanto los grupos durante mucho tiempo y empiezan a caer minutos a mi crono y a bajar la media. Consigo enlazar como persiguiendo un espejismo alguna rueda pero en poco tiempo se me vuelven a ir. Los kilómetros pasan lentos y ya solo voy con el resto. Llego, sí, 10 minutos antes que el año pasado pero con un cansancio mucho peor.

jueves, 23 de junio de 2011

Crónica: XXI Quebrantahuesos 2011

Qué bien me lo pasé. Genial, como en pocos acontecimientos deportivos. Alegría desmesurada durante el esfuerzo. Mofletes en ristre con amplia sonrisa dibujada en mi cara mientras el sudor desembocaba en gotas al final de mi nariz. Y es que afrontaba por primera vez en mi vida una ruta de tal magnitud. La mítica cicloturísta Quebrantahuesos, con 205 km y 3600 metros de desnivel. Ambas cosas me supieron a poco. Y no lo digo por ir de sobrado sinó por haber pedaleado extasiado e hipnotizado por la misma fiesta que se respiraba y por las endorfinas segregadas en el esfuerzo. Un ambiente entre fresco y húmedo al principio y soleado y ventoso al final.

Tres puertos, el primero de ellos el del Somport, coronado a más de 1600 metros. Tendido con  rampas soportables. Como estaba en los primeros 50 kilómetros se hizo muy llevadero acompañado de tanto ciclista a lado y lado. La bajada con niebla y asfalto mojado por la lluiva previa a nuestro paso, traicionera en las curvas y sin confianza. Ya encarando hacía el Marie Blanque, en el lado francés.

La Dama Blanca son dos puertos en uno, es corto, pero se hace larguísmo, para mi fue el más duro. Unos primeros 5 kilómetros llevaderos y luego 4000 interminables metros de pendientes que no bajan del 10% y llegan hasta el 17% que obligan a más de tres a bajarse de la bici. En la cima, la lengua fuera y empapado en sudor. Pero ya era el penúltimo y había pasado el ecuador. Quedaba el más temido, el Portalet, sobre el que más me habían alertado por su pesadez. Me decían que una vez pasado éste puerto, psicológicamente era un descanso. Pero en mí esas palabras no tuvieron demasiado sentido por los mismos motivos que he explicado al principio de la crónica.

Después de las rampas del Marie Blanque las del Portalet me parecian falsos llanos. 28 kilómetros, eso sí, pero muy muy cómodos. Había comido y bebido como los dioses Quizás por eso no eché en falta ningún suplemento, ni tuve sensación de sed ni de hambre, ni dolores ni rampas, nada. Por eso lo pasaba bien. No era un camino de rosas, no. Pero al mirar para delante y ver carretera y más carretera los ánimos seguian inalterables. Cuando se aproximaba la cima, aficionados se repartian a ambos lados de la carretera animando de tal manera que los metros pasaban volando.

Arriba miro el reloj y el ritmo va según mis previsiones. Que eran de entrar entre 8:30 y 9:00 horas. La carretera es ancha y amplia, con larguísimas rectas y facilmente se alcanzan los 70 u 80 km por hora, cuando en una de estas, de ir a 85, una ráfaga de viento me da tal latigazo aproximándome al guardarrail de la calzada que ya veo la vida pasar por delante, por lo que decido ir tocando el freno con más firmeza. 

La carretera vuelve a empinarse de nuevo y de golpe subiendo a la Hoz de Jaca. Fue tomar una curva de herradura y ver decenas de ciclistas clavados al asfalto de pie sobre sus monturas haciendo fuerza y apretando dientes. Una tachuela en el camino dura que no era más que un breve y último castigo para el cuerpo antes de empezar a saborear la alegría contenida de los últimos 30 kilómetros. A 25 metros de llegar arriba se me sale la cadena, fue el único percance mecánico de la jornada. Lleno uno de los bidones con agua fresquita del avituallamiento y repongo líquidos. 

El viento se cebaba en los llanos de la última parte, salpìcado de toboganes con tendencia a la bajada. Me resguardo en alguna grupeta a ratos, tiro solo a otros, a lo gregario, con compañeros a rueda, acoplado para alcanzar el siguiente grupo. En los últimos 7 kilómetros sin saber por qué llego a la reserva, no estoy muerto, pero me cuesta seguir al grupo y decido no esforzarme más, dejarme caer a buen ritmo, sin drafting y para disfrutar solo de la llegada. 

Mi novia con sus padres y los mios me esperan en meta. Bonita y sonriente entrada con sus aplausos. Ya estoy de vuelta en el mismo punto donde salí 8:50 horas antes. Otra experiencia más para el saco, otra inyección más de ánimos pre IM y con mente en la siguiente edición.

jueves, 9 de junio de 2011

Reto Quebrantahuesos 2011

En el periplo hacia el IM de Zurich sin duda hay una cita deportiva a la que le tengo bastante respeto. Se trata de la cicloturista española por excelencia, la Quebrantahuesos que disputaré el próximo sábado 18 de junio. Una prueba de recorrido circular salpicada de puertos y constantes subidas con salida y llegada en Sabiñánigo. Cruza de España a Francia y viceversa por en medio de los Pirineos. Serán 205 kilómetros pedaleando, arrastrando la bici por rampas interminables. Los peores enemigos potenciales quizás sean las inclemencias meteorológicas, tanto si está nublado como soleado o si aparece la lluvía puede ser bastante duro. El año pasado, por ejemplo, la niebla, el frío y la lluvia, pese estar en pleno junio, obligó a abandonar a varios cientos de ciclistas. En ese caso yo lo tengo claro. Una retirada a tiempo antes que arriesgarme a tirar por la borda una temporada por acabar una prueba que es estratégica pero no trascendental.

El otro enemigo es la posibilidad de exprimir demasiado el cuerpo antes de la cuenta y desfondarme prematuramente... Témida pájara. Y es que nunca he recorrido una distancia así, y menos con más de 3500 metros de desnivel positivo. Así que será una estupenda oportunidad para entrenar la alimentación, la hidratación y la dosificación de las fuerzas en esas condiciones. Quizás mucho más la mente. 

Quiero seguir la estratégia de parar lo menos posible en los avituallamientos, es decir, no explayarme a lo globero como hice en la Terra de Remences. El tiempo necesario y justo para llenar bidones y bolsillos de bebidas y viandas y continuar sin que ello suponga quedarme corto de suplementos. Sin prisas, pero sin pausas. Supongo que así reproduciré mejor las condiciones en las que haré el IM, donde las características de la competición exigen ser más autosuficiente en este sentido y hacer todo encima de la bicicleta, sin poner pie a tierra más que para dejarla en el box antes del maratón.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Crónica: Terra de Remences 2011

La cosa en bici no pinta mal. He estado por segundo año en la Terra de Remences. Dos circuitos, el corto de 95 km y el largo de 175 con 2600 metros de desnivel. El año pasado me quedé con 120, es decir, con el corto y la subida y el descenso al Coll de Bracons, el más duro del recorrido. Este año no me iba a amedrentar e iba a por los 175, ahí va:
Nos plantamos unos cuantos compañeros y compañeras del Gavà Triatló -por cierto con diploma por número de participantes- el día de antes para recoger el dorsal y pasar la noche en una masía de los alrededores. Risas, chistes, anécdotas, preparativos y madrugón. Petardazo de salida y salgo con Manu y Gerardo para coronar el primer puerto de 2ª categoría de Capsacosta en el km 30 y pico. Arriba, en el avituallamiento se van, quieren tomárselo con algo menos de calma que yo. En el descenso he de parar para colocarme el paravientos, hace fresquete que se acentúa aún más con las nubes que encapotan el cielo, siempre amenazando lluvia. 

Sigo solo, al abrigo de un pequeño pelotón de unas 25 unidades que va hacía el Coll de Cannes de 3ª, con un pequeño pico de 4ª categoría antes de llegar arriba. En este tramo ya pica el sol algo más y me quito el paravientos. Durante el ascenso me voy cruzando con algunas caras conocidas y otras que me conocen a mi pero yo a ellos no. ¿Sabéis cuando alguien se os pone a hablar pensando que lo conocéis y vosotros disimuláis y dirigís la conversación como buscando pistas para intentar acordaros quien es esa persona? Pues eso tuve que hacer un par de veces sin éxito, pero sin que descubriesen mi amnesia por otro lado. El avituallamiento de este puerto es el mejor de todos, y me explayo con la longaniza, el pan con tomate, las pastas... Vuelvo a cruzarme con los compis de club que se lo tomaban con menos calma que yo pero mientras bebo y como ellos emprenden la huida.

El descenso de este puerto hacia Olot es el mejor del recorrido. Largas rectas, curvas abiertas, carretera ancha y en buen estado, buena visibilidad, condiciones idóneas para volver a estabilizar la media. Y una vez abajo, al abrigo de otro grupo que le iba dando brillo para acabar con los últimos 20 km del recorrido corto. Cuando se dividen las dos rutas me vuelvo a quedar solo para empezar a subir a Bracons.

8 km y 650 de desnivel al 8% de media, 1ª categoría... Pero voy genial, las fuerzas no flaquean para nada. Me hidrato bien, tomo los geles necesarios, como todo lo que me hace falta y la moral sigue alta. Mi compi David me atrapa antes de empezar a subir, ya no nos separaríamos en lo que quedase de marcha. Antes de empezar la parte dura me doy cuenta de que el piñón grande no entra, así que con un par de piernas tenía que ponerme arriba como fuese. Para sorpresa mia y pese a este pequeño problema mecánico me canso mucho menos que el año pasado, aunque la falta de ese piñón me hace ir algo clavado en algunos tramos, sobretodo donde alcanzaba el 15% de desnivel. Llego arriba mareado y desfallecido, un bajón repentino o algo. Menos mal que aquellos compañeros que iban algo más deprisa que yo están allí descansando y me sujetaron para no ir al suelo, porque no podía sacar las calas. Así que bebo cola, como frutos secos, algo de agua y por arte de magía vuelvo a estabilizarme y a recuperar todo el aliento, las fuerzas y el ánimo. Esos compañeros deciden volver hacia meta, y David y yo junto con el recién llegado Carlos nos vamos a por los últimos 60 km.

La bajada de Bracons y camino a Manlleu es bastante cómodo, pero la falta de ciclistas en la carretera cada vez es mas evidente, así que nuestra grupeta es bastante pobre. Una vez en Manlleu nos quedan tan solo 50 km, más de la mitad de los cuales son en constante subida, sin mucha pendiente pero que va haciendo mella en las ya cada vez más escasas fuerzas que restan. 20 km para acabar coronando en el Coll de Can Bac de 2ª categoría y después de un descansillo otros 8 para subir a Condreu. A partir de ahí todo bajada, hasta meta. Ya estaba hecho y salvo por los autocares que se nos colocaron delante en los últimos 5 km acabé muy contento, regulando, cuidando la alimentación, satisfecho, con buena moral y con toda la confianza para el principal reto de este año, que viene de aquí a 2 meses en Zurich. Aunque antes tendré que acabar otra más dura que esta si cabe, la Quebrantahuesos del próximo 18 de junio en Sabiñánigo.

jueves, 13 de mayo de 2010

Crónica: Terra de Remences 2010

Tomarse las cosas al más puro estilo dominguero también mola. Pasárselo bien, no sufrir en exceso, acabar cansado pero no roto... Así ha sido para mi la Terra de Remences 2010, y aquí la cuento.


Unos cuantos compañeros del Gavà Triatló pasamos la noche en una casa de colonias en La Vall d'En Bas, para evitar el madrugón del día siguiente, ya que a las 8 de la mañana daban la salida de la marcha.

Así que nos pusimos a la cola de la larguísima caravana de ciclistas apostados tras la linea de salida y empezamos a pedalear, a un ritmo suave y cómodo, sin apretar para nada, que la cosa acababa de empezar. Comienza la subida al primero de los puertos, el de Capsacosta y también empiezan a caer las primeras gotas de lluvia. A un ritmo no superior a mi 70% voy subiendo poco a poco, charlando, disfrutando del momento y nada cansado. Y cuando menos me lo espero, ya estoy arriba, en el avituallamiento. Un vaso de fanta, un par de trozos de naranja, otro de plátano y la lluvia avisa que va a ser seria. Me pongo el chubasquero.


En el descenso hacia Ripoll la lluvia cae fuerte. Aprieta de lo lindo. Empiezo a calarme todo. Paso frio. Las manos se me congelan. Los pies también. La crema solar que me había puesto en la cara por si salía el sol se mete en un ojo y escuece. Voy tuerto durante unos kilómetros. "Enric, hay que cambiar el chip, a todo el mundo le jode igual la lluvia". Entonces repito sin parar un mantra en mi cabeza "Qué de puta madre me lo estoy pasando". Y da resultado. Sigo sufriendo pero solo físicamente. De hecho me estoy pasando genial en el descenso bajo el chaparrón.

En todo momento acompañado por el espartano Molero, en eso que llegamos a un rotonda y por despiste nuestro e ineptitud del voluntario allí apostado pasamos de largo la salida y nos metemos en medio de Ripoll. Cuando no vemos a nadie ni delante ni detrás, desandamos el camino con 6 km extra en las patas. De nuevo en la senda correcta, por suerte ya sin lluvia, volvemos a adelantar a la misma gente que antes.


En la subida a Canes sale el sol. Es fantástico. Sigo sin arriesgar, sin apretar, sin cansarme, no más del 75%. Aún así, fresco como una rosa, adelantamos a bastantes ciclistas. Y cuando coronamos, en el avituallamiento, llega la bacanal. Fuet, longaniza, pan con tomate, coca cola, fruta... nos relamemos. Y para alante, un poco más de carretera arriba y a bajar. Buah! Como disfruto en el descenso. Voy a tope. Llevo más pulsaciones que durante la subida. Largas rectas, curvas abiertas, buena visibilidad, asfalto seco, pocos coches, y la prohición expresa a mi burra de ir a menos de 50 km por hora. Lanzo un grito a lo Jerónimo. Fue realmente un descenso orgásmico.

Al llegar abajo ya queda poco para acabar la ruta corta. Pero queremos hacer la larga. A pocos kilómetros de llegar a St. Esteve de Bas empieza a soplar mucho viento. Hay que pedalear para no ir hacia atras. Eolo hace sonar un órgano cuando pasa a través de los rádios. Se hace duro. El cansancio se empieza a acusar y David y yo decidimos que subiremos Bracons y daremos la vuelta para meta.


Después de reponer fuerzas a pie de puerto empieza el ascenso. Durísmo. Aquí era imposible bajar el ritmo para no cansarse. Había que ir al máximo para simplemente aguantarse sobre la bicicleta. Pero a molinillo y tirando de compact voy hacia arriba. Hubo un momento en el que casi desfallezco. Veo el garmin que marca el 95%. Aprieto dientes. Y al fin corono. "¿Donde estaban aquellas rampas tan duras? XD"

Arriba comemos algo y nos vamos, todo bajada ya, hacia la meta. Recogemos el mallot de recuerdo, reponemos fuerzas con un plato de pasta y para casa. Ha sido un muy buen entreno. Un domingo muy provechoso. Una organización genial. Unos avituallamientos impresionantes. El próximo año, si puedo, repito. Pero esta vez, la ruta larga no se me escapa.

 
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