Ho van aconseguir perquè no sabien que era impossible

martes, 14 de febrero de 2012

Crónica: XVII Mitja marató Gavà - Castelldefels - Gavà

No ha sido esta una carrera para olvidar pero ha sido una de las que peor lo he pasado. No por falta de experiencia porque precisamente en esta media he hecho dos mmp. Pero esta vez se me ha puesto cuesta arriba aunque también ha sido de las más provechosas. He tenido sensaciones que no había sentido antes en competición. Ahí está la parte positiva, porque esas sensaciones se han almacenado en mi cabeza y eso, a su vez, permite que pueda empezar a entenderlas y a conocerlas mejor, a adquirir experiencia y actuar en consecuencia la próxima vez. Aquí va de lo que hablo:

Me levanto con un par de horas de antelación para desayunar bien. Salgo al balcón y compruebo que la temperatura es gélida. Por suerte tengo la linea de salida a escasos 1000 metros de casa por lo que apuro hasta los últimos 20 minutos y salgo directamente calentando.

El día anterior salí en bicicleta. No fue una salida excesivamente larga, 90 km. Sin embargo si que fue ligera y le metí bastante intensidad. Otras veces había hecho lo mismo el día antes de una competición, así que en principio no le dí más importancia. Pero esta vez sí que la tenía.

Empieza la carrera y me coloco en el grupo que sigue a la liebre de 1:25. Sé que ir a 4 el kilómetro durante un medio maratón es ir muy rápido para mi, pero lo veo asequible. Me conozco.  Si lo logro sería mi mejor tiempo. Tengo confianza en conseguirlo. Pero oh amigos, los músculos tienen memoria, y la mente, los pulmones y el corazón no siempre son suficientes para controlarlos.

En el kilómetro 7, que paso en 28:04, empiezo a notar que algo no va bien. Siento que mi cuerpo se divide de repente en dos partes. De cintura para arriba es una, y para abajo es otra. En el 10 la liebre se empieza a marchar. Voy con excelentes pulsaciones, dentro de mis rangos aeróbicos. La respiración no es excesivamente acelerada, puedo hablar. Mi cabeza envía la orden a las piernas pero ellas pesan un quintal. No se mueven acorde con lo que pienso. Me encuentro bien, pero no puedo.

En el 11 la distancia con la liebre es insalvable, ya he perdido algo más de 1 minuto respecto a ella. Entonces me resigno. Me hago a la idea de que hoy no va a ser el día de hacer mmp. Entonces, como siempre intento hacer ante estas adversidades, le doy la vuelta a la tortilla y saco la máxima positividad y el máximo aprendizaje de aquello que estoy viviendo en cada instante.

Soy consciente, siento y asimilo que mis piernas están más cansadas de lo que creo. Y sé por qué es, la bicicleta de ayer. Un gel en el 13 y unos sorbos de agua no me sirven para demasiado. Lucho sin demasiado éxito por mantener una velocidad de crucero y unirme a algún grupo. Vivo algo que no acostumbro a vivir, que todo el mundo me pase por izquierda y derecha y todos, como van más rápido que yo, se me escapan. Yo no atrapo a casi nadie, no me puedo amoldar a ningún ritmo ni meterme en grupeta.

Pero disfruto, trato de aprender de eso. Pese a todo estoy corriendo, estoy haciendo algo que me gusta y he echado unas buenas horas de ejercicio el fin de semana. Me ayuda correr en mi terreno, conozco cada punto por el que paso y visualizo el camino que me queda.

En el 17 me atrapa la liebre de 1:30 y se me escapa. Pero ya solo queda una serie larga como aquel que dice. Llegamos al nucleo urbano de Gavà, paso por delante de mis padres y de mi abuela que me saludan y me animan en el último km de carrera. Llego, sufriendo pero al sprint, echando el resto y con una marca de 1:33, tan solo un par de minutos más rápido que la media de mi último maraton... Nunca había sufrido tanto para entrar en meta con ese tiempo. Pero que bien que lo he pasado y cuánto he aprendido.

 
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