Ho van aconseguir perquè no sabien que era impossible

sábado, 17 de diciembre de 2011

Crónica: II Maratón de Castellón (mmp)

Ni en mis mejores pronósticos entraba el correr un maratón en 3:10 hs. Me daba más que satisfecho con bajar mi anterior marca de 3:24 hs. Había hecho un entreno con muy poco volumen pero con calidad. Poco kilometraje me decían algunos. Pero las sensaciones interiores eran buenas y me sentía confiado y motivado para cumplir con mis expectativas iniciales, me lo creía, pero no contaba con tanto. Ahí va la crónica.

El día previo en Castellón lo dediqué básicamente al descanso, a comer hidratos y a disfrutar con el baño del Barça al Madrid desde la cama del hotel. Un par de horas antes, tomo un desayuno potente de jamón, zumo, pan tostado y un donut. Foto de familia con Meri, la debutante y campeona Lourdes y Carles, la expedición del Gavà Triatló allí presente. Tengo un encuentro fugaz y saludo con Miguel, un compañero blogger cuyas andanzas nos seguimos reciprocamente desde hace tiempo y al que doy mi enhorabuena por haber cumplido con sus expectativas para ésta carrera, a ver si nos vemos en otra y compartimos km. Calentamiento quitanervios y al barullo de la salida, junto a Carles. La estrategia era seguir a la liebre de 3:15 y aguantarla todo lo que se puediera hasta petar.

En la salida se me pone la piel de gallina con la traca del inicio y los aplausos y gritos de los participantes. Se vive una atmósfera especial en este tipo de pruebas. Miles de personas felices por empezar con el calvario y todas las pisadas resonando al unísono sobre el asfalto. Superado el mogollón inicial empezamos a encontar nuestro sitio siguiendo a la liebre. Yo desde el principio temiendo por el muro, cuando llegaría, aunque quedase toda la carrera por delante. Correr por debajo de ese ritmo, para mi, se me antojaba que podía ser muy duro.

La carrera va transcurriendo sin incidencias y con el ritmo bien cogido. Los km se pasan rápidos y son muy entretenidos y llanos. Me emociono mucho con toda la gente que hay animando en las calles, era lo mejor.

Con el primer tercio ya acabado me tomo el segundo gel, una barrita y Carles y yo aumentamos el ritmo a 4:30, delante de la liebre. Me sorprendo yendo tan cómodo. En los entrenos largos me cuesta mantener esa velocidad y aquí, en cambio, voy muy calmado, charlando incluso. Cosas de llevar puesto un dorsal.

Pasamos el medio maratón y trago más, ahora sólido. Intuyo que esa será la clave, comer e hidratarse. Es verdad que no me apetece pero me obligo. Alterno plátano, barrita, gel, isotónico y agua cada 5 km más o menos. Siempre lo justo para no saturar al estómago. Lo que quería conseguir era pasar un maratón tan cómodo como el del Ironman del pasado verano, en el que cada media hora aproximada iba tomando algo y por eso no pagué la fatiga en ningún momento. Gracias a esas ingestas me mantengo encendido y en el 25 vuelvo a aumentar el ritmo para dejar la grupeta en la que iba. 

Pongo el limitador de velocidad a 4:20 el km y avanzo fuerte entre el pasillo que formaba el público gritando el nombre de mi dorsal (y el de todos). Aquí me encuentro la que iba a ser mi particular pareja de carrera, un atleta del Castellet que me acompaña, me da conversación y me va empujando casi hasta la meta. 

El 30 lo completo en 4:15 y le digo al compañero que bajaré el ritmo, que seguro que Pepe el del Mazo me espera en alguna esquina. Pero no, le mentí, no volvería a ir más lento de 4:30 nunca más e iba a hacer la segunda mitad del maratón más rápida que la  primera. 

Al cumplir 2 horas corriendo yo ya no me creo que lleve un ritmo tan constante, que siga adelantando a gente sin parar y que Pepe se haya quedado tomando cañas. No flaqueo pero vuelvo a comer. Me sorprende ver con la facilidad mental que supero los kilómetros. Ya soy feliz porque por muy mal que me vaya seguro que voy a cumplir mi objetivo inicial y además, en los cambios de sentido, veo a los del 3:15 hs muy lejos de mi, lo que me motiva aún más.

Casi sin darme cuenta me planto en el km. 37. Hay cansancio, pero no fatiga. Así que echo el resto y empiezo a contar lo que queda como si fueran vueltas a un estadio. Solo 12. Poco más tarde suena en mi mente la campana del último km, que es en bajada. Feliz y sin pensar en mover las piernas, van por inercia. Llegan solas a meta casi en sprint. Miro al cielo emocionado porqué sé que él me ha estado empujando. Ha sido una gran carrera, un gran recuerdo y una organización y un trato exquisito por parte de la organización.

 
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