Ho van aconseguir perquè no sabien que era impossible

martes, 27 de septiembre de 2011

Crónica: III Triatló Calafell - Costa Daurada

Tramposos, cuánto tramposo se ha visto en el III Triatlón de Calafell. La verdad es que no entiendo, no me entra en la cabeza que alguien haga trampa a conciencia en un triatlón. ¿Acaso van a ganar? ¿Acaso van a obtener algún premio? ¿Qué satisfaccción tiene el conseguir algo si uno mismo sabe que en realidad no se ha conseguido? No sé, es realmente incomprensible. De todas formas yo a lo mio, porque sé que cuando llego a meta soy mucho más feliz que ellos. Ahí va la crónica y la explicación.

Natación
La foto es robada del blog del coach.
La cadena de contratiempos empezaba cuando mis Predator se parten por la mitad en el momento de ponérmelas. Siempre llevo unas gafas de recambio, pero hoy, casualidades de la vida, no. Suerte que Antonio, compañero de club, estaba allí para salir corriendo conmigo al guardarropa y dejarme unas suyas. Me he encontrado bien nadando, más rápido de lo normal pero el cambio de última hora en la salida del segmento ha tenido como última consecuencia hacerme perder unos segundos preciosos.

Decidieron que la salida y la llegada fuera desde una estrecha bocana del puerto. He escuchado que era porque el agua no cubría en la playa, aunque se debería tener en cuenta que solo con que el agua llegue al ombligo ya no sale a cuenta ir caminando. Acinados allí nos lanzamos a la mar para nadar un presunto triángulo formado por tres boyas. El problema es que cuando los primeros llegaban al giro para volver sobre sus brazadas aún había gente que no lo había iniciado. El resultado ha sido nefasto. Gente nadando en un sentido cruzándose con otros en sentido contrario. Y aprovechando ese lio muchos se daban la vuelta en medio de la confusión ahorrándose unas decenas de metros. Malditos tramposos. Una vez en meta he escuchado algún corrillo decir, "Yo, como he visto que muchos giraban antes de llegar a la boya también lo he hecho". ¿Tiene sentido que todos piensen igual? Es muy triste y además tan absurdo como dar latigazos a zurullos frescos de vaca campera.

Me he encontrado en esa encrucijada, en medio de una marabunta de nadadores que avanzaban hacia a mi, desde delante y desde detrás y sin tener opción a movimientos, pero me he parado, he perdido mi tiempo analizando tranquilamente la situación y he conseguido abrirme hueco de nuevo para dar el giro.

La organización debería tener en cuenta este hecho, no solo por las trampas, sinó porque esas situaciones pueden ser peligrosas y provocar golpes fortuitos y choques y en caso de fuerza mayor, la situación dificulta mucho la llegada de las piraguas y traineras de socorro. Desde fuera me han dicho que se ha visto un caos.

Ciclismo
La transición era muy larga. Larga es muy larga. Y descalzos. Seguro que no bajaba de los 400 metros hacia boxes. Creo que es la más larga que he hecho en todos los triatlones en los que he competido. Es curioso como en el fragor de la competición el suelo no hace daño en los pies descalzos pero duele mucho cuando no estás compitiendo. El recorrido ciclista constaba de tres vueltas. Mejor que el año pasado, este año se han evitado los peraltes, y los socabones y alcantarillas peligrosas estaban bien señalizadas y vigiladas. He empezado bien, tirando mucho de un grupo que poco a poco se ha hecho más grande, pero no demasiado, ya que algunos se iban quedando. Durante la primera vuelta pocos relevos y esto nos penalizaba en la media. Yo miraba para atrás, aflojaba el ritmo, pero nada, no entraban. En la segunda me he dicho que no iba a fundirme de esa manera. Así que he empezado a robar carteras y dando relevos más cortos, y en la tercera, ahora si con más ciclistas cazados en el camino me he refugiado entre el grupo. 

Otro contratiempo va a llegar en la aproximación a boxes. Me descalzo y dejó las botas en los pedales. Descabalgo de la bici y alguien detrás me grita... La bota se ha desenganchado del pedal. Descalzo, parada en seco, vuelta atrás y con la bota en la mano voy a colocar mi bici en la barra. Llega de nuevo el horror. Me encuentro una bici tirada en el suelo, literalmente, encima de mis cosas y lo peor de todo es que su número de dorsal no se aproximaba ni de lejos al sitio donde debería estar colocada. ¿No hay jueces para mirar estas cosas? Le doy una patada para apartarla y poder coger mis zapatillas para poder correr.

Carrera
Todos los que han entrado conmigo en boxes ya están lanzados. Entre la bota y la bici encima de mis cosas... Pillo buen ritmo desde el primer momento y a adelantar, como siempre, a bastantes más de los que me pasan a mi. Voy fundido pero resistiendo bien, apenas puedo saludar a los compañeros de club que me cruzo. El agua se ha acabado, no hay avituallamiento, tan solo una tabla tirada en el suelo, con trozos de naranja y platano. Los voluntarios no te la daban, si querias una, tocaba parar y agacharse. Lo peor es que el agua ya se acabó en la carrera olímpica, que se corrió antes que el sprint, por lo que no hubo para apenas nadie. Yo a lo mio, tampoco soy de beber en la carrera de un sprint porque voy tan al límite que me entra flato, pero si que agradezco vaciarme un poco en la cabeza para refrescar y enjuagarme la boca. Al final se me hacen cortos los 5 km porque empiezo a notarme muy cómodo y acelerando a partir del kilómetro 4. Llego a meta sin saber el tiempo. Otra vez he vuelto a correr sin reloj. 

Contento por la carrera que me ha salido pero con sensación agridulce por todos esos contratiempos incontrolables y no atribuibles a mis errores que me han ocurrido. Creo que me desquitaré de todo en el último sprint del año, en Vilanova i la Geltrú el próximo 9 de octubre, será una vuelta al origen, a mi debut triatlético de hace dos años.

 
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