Ho van aconseguir perquè no sabien que era impossible

jueves, 23 de junio de 2011

Crónica: XXI Quebrantahuesos 2011

Qué bien me lo pasé. Genial, como en pocos acontecimientos deportivos. Alegría desmesurada durante el esfuerzo. Mofletes en ristre con amplia sonrisa dibujada en mi cara mientras el sudor desembocaba en gotas al final de mi nariz. Y es que afrontaba por primera vez en mi vida una ruta de tal magnitud. La mítica cicloturísta Quebrantahuesos, con 205 km y 3600 metros de desnivel. Ambas cosas me supieron a poco. Y no lo digo por ir de sobrado sinó por haber pedaleado extasiado e hipnotizado por la misma fiesta que se respiraba y por las endorfinas segregadas en el esfuerzo. Un ambiente entre fresco y húmedo al principio y soleado y ventoso al final.

Tres puertos, el primero de ellos el del Somport, coronado a más de 1600 metros. Tendido con  rampas soportables. Como estaba en los primeros 50 kilómetros se hizo muy llevadero acompañado de tanto ciclista a lado y lado. La bajada con niebla y asfalto mojado por la lluiva previa a nuestro paso, traicionera en las curvas y sin confianza. Ya encarando hacía el Marie Blanque, en el lado francés.

La Dama Blanca son dos puertos en uno, es corto, pero se hace larguísmo, para mi fue el más duro. Unos primeros 5 kilómetros llevaderos y luego 4000 interminables metros de pendientes que no bajan del 10% y llegan hasta el 17% que obligan a más de tres a bajarse de la bici. En la cima, la lengua fuera y empapado en sudor. Pero ya era el penúltimo y había pasado el ecuador. Quedaba el más temido, el Portalet, sobre el que más me habían alertado por su pesadez. Me decían que una vez pasado éste puerto, psicológicamente era un descanso. Pero en mí esas palabras no tuvieron demasiado sentido por los mismos motivos que he explicado al principio de la crónica.

Después de las rampas del Marie Blanque las del Portalet me parecian falsos llanos. 28 kilómetros, eso sí, pero muy muy cómodos. Había comido y bebido como los dioses Quizás por eso no eché en falta ningún suplemento, ni tuve sensación de sed ni de hambre, ni dolores ni rampas, nada. Por eso lo pasaba bien. No era un camino de rosas, no. Pero al mirar para delante y ver carretera y más carretera los ánimos seguian inalterables. Cuando se aproximaba la cima, aficionados se repartian a ambos lados de la carretera animando de tal manera que los metros pasaban volando.

Arriba miro el reloj y el ritmo va según mis previsiones. Que eran de entrar entre 8:30 y 9:00 horas. La carretera es ancha y amplia, con larguísimas rectas y facilmente se alcanzan los 70 u 80 km por hora, cuando en una de estas, de ir a 85, una ráfaga de viento me da tal latigazo aproximándome al guardarrail de la calzada que ya veo la vida pasar por delante, por lo que decido ir tocando el freno con más firmeza. 

La carretera vuelve a empinarse de nuevo y de golpe subiendo a la Hoz de Jaca. Fue tomar una curva de herradura y ver decenas de ciclistas clavados al asfalto de pie sobre sus monturas haciendo fuerza y apretando dientes. Una tachuela en el camino dura que no era más que un breve y último castigo para el cuerpo antes de empezar a saborear la alegría contenida de los últimos 30 kilómetros. A 25 metros de llegar arriba se me sale la cadena, fue el único percance mecánico de la jornada. Lleno uno de los bidones con agua fresquita del avituallamiento y repongo líquidos. 

El viento se cebaba en los llanos de la última parte, salpìcado de toboganes con tendencia a la bajada. Me resguardo en alguna grupeta a ratos, tiro solo a otros, a lo gregario, con compañeros a rueda, acoplado para alcanzar el siguiente grupo. En los últimos 7 kilómetros sin saber por qué llego a la reserva, no estoy muerto, pero me cuesta seguir al grupo y decido no esforzarme más, dejarme caer a buen ritmo, sin drafting y para disfrutar solo de la llegada. 

Mi novia con sus padres y los mios me esperan en meta. Bonita y sonriente entrada con sus aplausos. Ya estoy de vuelta en el mismo punto donde salí 8:50 horas antes. Otra experiencia más para el saco, otra inyección más de ánimos pre IM y con mente en la siguiente edición.

 
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