Ho van aconseguir perquè no sabien que era impossible

miércoles, 11 de mayo de 2011

Crónica: Terra de Remences 2011

La cosa en bici no pinta mal. He estado por segundo año en la Terra de Remences. Dos circuitos, el corto de 95 km y el largo de 175 con 2600 metros de desnivel. El año pasado me quedé con 120, es decir, con el corto y la subida y el descenso al Coll de Bracons, el más duro del recorrido. Este año no me iba a amedrentar e iba a por los 175, ahí va:
Nos plantamos unos cuantos compañeros y compañeras del Gavà Triatló -por cierto con diploma por número de participantes- el día de antes para recoger el dorsal y pasar la noche en una masía de los alrededores. Risas, chistes, anécdotas, preparativos y madrugón. Petardazo de salida y salgo con Manu y Gerardo para coronar el primer puerto de 2ª categoría de Capsacosta en el km 30 y pico. Arriba, en el avituallamiento se van, quieren tomárselo con algo menos de calma que yo. En el descenso he de parar para colocarme el paravientos, hace fresquete que se acentúa aún más con las nubes que encapotan el cielo, siempre amenazando lluvia. 

Sigo solo, al abrigo de un pequeño pelotón de unas 25 unidades que va hacía el Coll de Cannes de 3ª, con un pequeño pico de 4ª categoría antes de llegar arriba. En este tramo ya pica el sol algo más y me quito el paravientos. Durante el ascenso me voy cruzando con algunas caras conocidas y otras que me conocen a mi pero yo a ellos no. ¿Sabéis cuando alguien se os pone a hablar pensando que lo conocéis y vosotros disimuláis y dirigís la conversación como buscando pistas para intentar acordaros quien es esa persona? Pues eso tuve que hacer un par de veces sin éxito, pero sin que descubriesen mi amnesia por otro lado. El avituallamiento de este puerto es el mejor de todos, y me explayo con la longaniza, el pan con tomate, las pastas... Vuelvo a cruzarme con los compis de club que se lo tomaban con menos calma que yo pero mientras bebo y como ellos emprenden la huida.

El descenso de este puerto hacia Olot es el mejor del recorrido. Largas rectas, curvas abiertas, carretera ancha y en buen estado, buena visibilidad, condiciones idóneas para volver a estabilizar la media. Y una vez abajo, al abrigo de otro grupo que le iba dando brillo para acabar con los últimos 20 km del recorrido corto. Cuando se dividen las dos rutas me vuelvo a quedar solo para empezar a subir a Bracons.

8 km y 650 de desnivel al 8% de media, 1ª categoría... Pero voy genial, las fuerzas no flaquean para nada. Me hidrato bien, tomo los geles necesarios, como todo lo que me hace falta y la moral sigue alta. Mi compi David me atrapa antes de empezar a subir, ya no nos separaríamos en lo que quedase de marcha. Antes de empezar la parte dura me doy cuenta de que el piñón grande no entra, así que con un par de piernas tenía que ponerme arriba como fuese. Para sorpresa mia y pese a este pequeño problema mecánico me canso mucho menos que el año pasado, aunque la falta de ese piñón me hace ir algo clavado en algunos tramos, sobretodo donde alcanzaba el 15% de desnivel. Llego arriba mareado y desfallecido, un bajón repentino o algo. Menos mal que aquellos compañeros que iban algo más deprisa que yo están allí descansando y me sujetaron para no ir al suelo, porque no podía sacar las calas. Así que bebo cola, como frutos secos, algo de agua y por arte de magía vuelvo a estabilizarme y a recuperar todo el aliento, las fuerzas y el ánimo. Esos compañeros deciden volver hacia meta, y David y yo junto con el recién llegado Carlos nos vamos a por los últimos 60 km.

La bajada de Bracons y camino a Manlleu es bastante cómodo, pero la falta de ciclistas en la carretera cada vez es mas evidente, así que nuestra grupeta es bastante pobre. Una vez en Manlleu nos quedan tan solo 50 km, más de la mitad de los cuales son en constante subida, sin mucha pendiente pero que va haciendo mella en las ya cada vez más escasas fuerzas que restan. 20 km para acabar coronando en el Coll de Can Bac de 2ª categoría y después de un descansillo otros 8 para subir a Condreu. A partir de ahí todo bajada, hasta meta. Ya estaba hecho y salvo por los autocares que se nos colocaron delante en los últimos 5 km acabé muy contento, regulando, cuidando la alimentación, satisfecho, con buena moral y con toda la confianza para el principal reto de este año, que viene de aquí a 2 meses en Zurich. Aunque antes tendré que acabar otra más dura que esta si cabe, la Quebrantahuesos del próximo 18 de junio en Sabiñánigo.

 
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