Ho van aconseguir perquè no sabien que era impossible

jueves, 21 de abril de 2011

Crónica: X Duatló de Vic

Algo poco habitual en este blog es que la crónica de una competición llegue con dos semanas de retraso... ¿Qué le vamos a hacer? De todos modos, más vale tarde que nunca...

Con esta competición ponía fin a los duatlones de este año. La temporada anterior tan solo competí en uno de montaña y éste año he tomado la salida en cinco, únicamente de carretera. Contento en general por los resultados y la sensaciones. Pero esto tan solo ha sido un preámbulo a los triatlones que ya se acercan. El primero de ellos el 1 de mayo, en el B de Banyoles. Pero mientras tanto y entre pausa y pausa de los entrenos ahí va la crónica del X Duatló de Vic:

Estuve pájaro y pez. Aunque el día anterior lo pasé todo el día vageuando en casa resulta que me planto en Vic sin el dorsal de bicicleta, sin geles, sin isotónico... En realidad todo eso no es indispensable para una carrera como la que iba a disputar, pero uno va adquiriendo hábitos que se tatuan en la ciencia ritualística de la competición y sin ellos no es lo mismo. Perfil de bici exigente y yo sin mi el gel que siempre me tomo antes de salir y durante.... A esto se le llama ir con seguridad psicológica. Nada se puede hacer, salvo tranquilidad, confianza y sobretodo salir a disfrutar. Y así fue:

Carrera 1:
Valor y al toro. Y más bien eso parecíamos. Una manada en salida acelerada, evitando empujones perseguidos por vaqueros azuzando con sus cañas. Y es que al tratarse de una pista de tierra, el polvo que levantaban nuestras zapatillas formaba una nube que me hacía recordar a eso y no a otra cosa. Animales desbocados respirando tierra en suspensión. Así hasta que a lo largo del primer quilómetro se va estirando esa manada. Con mi velocidad de crucero ya marcada en el Garmin con la firme decisión de no ver descender el ritmo de 3:55. Aguanto bien, solo, esta vez sin mi eventual trio, cuarteto o quinteto al que me suelo unir para amenizar el primer tramo mientras sus aceleradas respiraciones actúan de banda sonora para mi coreografía de cortas zancadas made in yo mismo. Ya está... Último puente, gente animando y mi flasback mental a boxes ¿Dónde dejé la bicicleta colgada? Ya lo recuerdo.

Ciclismo:
Ya estaba prevenido. Perfil exigente y positivo, nada favorable a mis características. Unos nacen escaladores y yo no. Pero no queda otra. Y durante los primeros quilómetros de los 37 totales vamos haciendo grande la bola. Unos venimos de atrás y otros se nos unen desde delante. La pendiente exige cada vez un poco más y la cuerda de cada gancho que voy echando se va partiend. Asumo gran parte del recorrido en solitario. El drafting aquí no vale demasiado. Es en esos pocos minutos de soledad me aislo y mi piloto automático se enciende, las piernas rotan por inercia, la vista se fija al frente y la mente divaga e intenta disfrutar del momento y del sufrimiento, como si a través de él llegase algo parecido a la salvación, o más bien la esperada cima. 

El plato entra de nuevo en juego. Se me une gente en el descenso agradeciendo la protección contra el viento que les ofrecen mis espaldas. No me importa, me lo paso en grande. Hasta que viene la segunda subida. Más exigente, pero más corta y explosiva, eso me gusta más. La columna que seguía mi rodada se me escapa, pero no importa demasiado porque acabo enlazándoles de nuevo antes de coronar y descendiendo de la misma manera, peligrosamente. Horquillas y curvas de herradura con asfalto en estado mejorable, tanto que en una no logro trazar y la cojo recta. Mis frenos parecen los de un Boing en plena maniobra de aterrizaje y los "uis" y los "ais" del pequeño grupo me advierten que mi caida puede ser para enmarcar. La rueda trasera se rebela y derrapa para volver a ponerme en la senda. El peligro pasa y todos seguimos a lo mismo. Larga recta para acabar de escurrir el bidón, relajar piernas y entrar en boxes para los últimos 3,5 km a pie.

Carrera 2:
Al poco de iniciar la transición ya me doy cuenta de que me falta la chispa que en otros duatlones he tenido. Esa que me encanta, me anima y me permite ir recogiendo algún que otro sufridor que se encuentra en la misma situación que yo en ese instante me encontraba. La respiración no acompaña y las piernas tampoco. Pongo el cuentarrevoluciones en modo ahorro y lucho por acabar con toda la dignidad psicológica que soy capaz de exigirme y siempre manteniendo a la vista a la gente que llevo delante. No queda demasiado, en realidad es un tramo corto. Ya pasó por debajo del arco de meta y descanso.

 
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