Ho van aconseguir perquè no sabien que era impossible

domingo, 27 de marzo de 2011

XXI Duatló de Banyoles

Después de recuperarme anímicamente gracias a una buena semana de entrenos, que la anterior no pudo ser, me ponía en la linea de salida del XXI Duatló de Banyoles, en distancia Olímpica. El fin de semana anterior había competido en Reus, si se le puede llamar competir a disputar el duatlón más rápido de mi vida. Los múltiples errores en la señalización del segmento ciclista provocaron que me perdiese y optase por retirarme. Medio centenar de duatletas se vieron forzados a tomar la misma decisión. Parece ser que el hecho de llevar dos décadas organizando un duatlón no exime de que la prueba se reitere en sus deficiencias año tras año. Banyoles no es lo mismo. Cuenta con una buena organización y un circuito muy atractivo, supongo que será por eso que se disputan allí tres pruebas cada temporada y este año, además, la ITU European Premium Cup, una buena oportunidad para poder estar cerca de lo más granadito del viejo continente en lo que a nuestro deporte se refiere. 

En Banyoles he entrenado y competido, una ventaja añadida y un dibujo interiorizado del perfil del recorrido en mi mente. Así que, una vez situado en precedentes de calentamiento, uniforme de guerra azul celeste complementado con manguitos y gafas de sol. Después, un minuto de silencio que me pilla en primera línea de batallón de participantes. Sesenta segundos de mutismo en memoria del compañero duatleta y juez Arturo Escribano y también por la tragedia provocada por el terremoto en Japón. Miro al vacio, respiro hondo hasta tres veces, me concentro y me preparo para empezar a vivir lo que las siguientes líneas intentan explicar:

Carrera 1:

La intención era salir a ritmo de 4:00 el km e intentar mantenerlo durante todo el primer tramo a pie. Durante los primeros 500 metros es algo difícil estabilizar la velocidad. Demasiada gente en un camino relativamente estrecho. Saltitos, quiebros y alguna zancada que aterriza en charcos enfangados, La aglomeración de corredores impedía ver el suelo dónde tendría que dar el siguiente paso. Por suerte esta pequeña incomodidad dura poco. En seguida el grupo se empieza a estirar y a medida que vamos  deborando hectómetros la carrera va colocando a cada uno en su sitio.

A mi me coloca en el quilómetro tres junto a un grupo de cuatro corredores, en momentos 6, en momentos 5, pero el hSalecho de ir acompañado y tener la motivación extra de intentar no cederle ningún metro al rival distrae mi mente y enganña a la fatiga. A cada quilómetro que marca mi garmin compruebo el ritmo. Clavado. El 5 en 20 minutos, el 6 en 24... Y es que aguantar estos ritmos era impensable ni imaginármelo en la temporada pasada. Y eso sorprendentemente me anima más de lo que me cansa. En el quilómeteo siete, al ver que volvemos a clavar me emociono. Si logro aguantar así hasta el final resultará que conseguiré mi mejor marca en un 10.000. Eso teniendo en cuenta que es un circuito muy zigzagueante, lleno de curvas y cambios de sentido. ¡Y sin calzar las voladoras! Así  es como tengo la primera alegría de la competición que no acaba de ser plena, pues llegamos a boxes sin completar la distancia pactada en 38:28 y unos 9.600 metros.

Ciclismo:

Llego cansadete a la transción y mientras me calzo recupero el aliento.  Salgo solo pero con intención de dejarme atrapar o atrapar a alguien en los primeros metros. Un poco de las dos cosas. Me atrapa un ciclista y juntos atrapamos a otro. Y así, vamos haciendo grande la bola. Los primeros repechones me pasan factura y me descuelgo, pero de seguida consigo recuperar esos metros en la bajada. El grupo se hace cada vez mas numeroso. Demasiado. Debemos ser más de 20 en la grupeta. Nadie se atreve a tirar de momento. Vamos rápidos, la media sube y lo mejor es que voy cómodo. La gente va con el machete entre los dientes. Están a punto de hacerlos servir.

Llegamos a Queixàs, me hidrato en el habituallamiento y ahí, con las primeras cuestas y la carretera más estrecha y en peor estado empiezan las primeras hostilidades. Se despegan los culottes del sillín, los cambios empiezan a crujir y el grupo se va estirando y disgregando. Yo, que no soy bueno trepando me descuelgo de la cabeza aunque siempre consigo volver a enlazar. En cada hachado se van quedando unos pocos, como si nos fueran pasando por un tamíz muy fino. Y así, haciendo la goma, mis piernas dicen basta en la subida más exigente del circuito, al paso por Esponellà.

Me quedo solo en el llano que viene después de coronar la pequeña cima. Viento por todos lados y la cabeza del grupo a 200 metros. Acelero y recupero 100. Me desfondo y pierdo 50. Y me doy por vencido. Yo contento por llevar a la práctica la esencia no draft acoplado y solo. Pero los de que van delante van disfrutando de la comodidad de ir en grupo, mecidos en parigüelas recogidos de las inclemencias de eolo. Así que después de 7 km en solitario decido mirar atrás. Medusa no me iba a convertir en roca, pero iba a relentizar mi ritmo, porque al fondo veia dos puntitos negros que deseaba que me dieran alcance. Lo hicieron y me recogí en sus faldas mientras recuperaba el aliento. Acabamos trabajando juntos y llegamos a la transición.

Carrera 2:

El paso a la carrera es firme y cómodo. Voy in crescendo... empiezo a 4:30 pero antes del primer km ya he bajado a 4:20. Aguanto para que no me avancen y hacerlo yo. Ese propósito se cumple a medias en ambos casos. Pero aún así recupero más posiciones de las que pierdo y de mientras los metros se van pasando ensimismado en atrapar siempre al corredor que tengo delante y con un último cambio de ritmo en los últimos 500 metros para marcarme el parcial 75, el mejor de la competición, aunque con alguna duda de si podía haber apretado algo más.

 
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