Ho van aconseguir perquè no sabien que era impossible

martes, 9 de noviembre de 2010

Crónica: IV Maratón Internacional de Zaragoza (mmp)

Afrontaba en Zaragoza mi segundo maratón. En mi subconsciente sabía que podía haberlo preparado mejor, pero por el camino han surgido pequeños compromisos ineludibles. A pesar de ello muy contento porque he bajado algo más de 6 minutos mi primera y anterior marca. Pero eso en parte es positivo, pues deja margen de mejora. Así que con este optimismo y futura marca a batir, acabo la temporada 2009/10. Una semana de descanso para preparar el calendario de la próxima y de nuevo a calentar motores. Ahí va la crónica.

Temperatura ideal para la matinal maratoniana. Algo más de 1000 inscritos. Calentamiento y estiramientos básicos. Me encuento con Jordi, compañero de corredors.cat y me dice que unos colegas, también de corredors.cat, tenían intención de correr a 4:40, así que me acoplo con ellos. La verdad es que es mucho más entretenido poder ir charlando y acompañado antes de que empiece a aparecer la fatiga. A los 30 minutos de carrera ya he encontrado el ritmo ideal, velocidad de crucero muy cómoda.

El perfil se supone llano, y de hecho lo es a la vista, pero corriendo es otro cantar, pequeños toboganes que solo se pueden apreciar cuando se pasa sobre ellos. Te frenan cuando los subes, te lanzan cuando los bajas; el caso es que desearías que no estuviesen ahí. Y sobretodo puentes, con sus correspondientes repechos de subida, cruzando de una orilla a otra del Ebro varias veces. Voy dando sorbos a mis cantimploras con gel, también al agua de los avituallamientos. A los 12 km me tomo un gel, aún voy muy fresco, y pasamos por el centro, donde hay bastante gente animando y delante del Pilar. 

Vamos una grupeta de unos 10 corredores a 4:45 constante cuando nos disponemos a entrar en la parte más monotona del circuito, de camino a la Expo. Pasamos la media a 1:39 y ya no voy tan fresco. Eolo se despierta dando los buenos días con cierzo soplando de cara. En el km 25 empiezo a sentir el estómago vacio y me zampo la mule bar que llevaba y me recupero. Completo el menú con dos trozos de plátano y unos sorbos de isotónico. La grupeta en la que iba empieza a disgregarse por aquello de "ha sido un placer correr a su lado, pero voy a bajar el ritmo". Se impone el ritmo del rebaño de ñus, en el que si te quedas atrás, pierdes el grupo para siempre.

Aguanto bien, pero vaticino que no duraré mucho así, y en el 28, dando vueltas por la expo ya empiezo a correr para no ir más lento, en lugar de hacerlo para ir más rápido. Pese a que empiezo a sufrir, apenas disminuyo la velocidad y sorprendentemente los km se me van pasando rápidos a menos de 4:50. Del 32 al 35 lo empiezo a dar todo, ya solo contra mi mismo. El viento se nota mucho más a la orilla del rio y sin edificios que nos protejan. Han empezado a caer algunas vallas al suelo, y cuando sopla en contra es un suplicio, cuando lo hace a favor, apenas lo noto. Me digo a mi mismo "esta es la épica del Maratón, que bonito es sufrir y llegar victorioso". 

En el 36, después de pasar el pabellón puente entro en estado zombie. Hay tramos en el que incluso cierro los ojos. Me trago otro gel. Las piernas pesan y en estos últimos 6 km fue donde perdí más tiempo. Por suerte, Pepe el del mazo apenas si se cebó conmigo y tan solo le cedí 6 minutos en las segunda media. Levantaba las piernas con esfuerzo y paso a paso me iba acercando a meta, casi sin querer. 

Km 41, calle Don Jaime con ambiente espectacular de aficionados que te dan alas con sus ánimos. Plaza de España y al fondo, en el Paseo Independencia, el arco de llegada, borroso, como si fuera un espejismo. La verdad es que no sé como puedo moverme, porque no controlo las ordenes que mando a mis piernas, pero llego feliz y de nuevo, como en la primera vez, con nudo en la garganta y extenuado en 3:24:32 horas.

 
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