Ho van aconseguir perquè no sabien que era impossible

jueves, 13 de mayo de 2010

Crónica: Terra de Remences 2010

Tomarse las cosas al más puro estilo dominguero también mola. Pasárselo bien, no sufrir en exceso, acabar cansado pero no roto... Así ha sido para mi la Terra de Remences 2010, y aquí la cuento.


Unos cuantos compañeros del Gavà Triatló pasamos la noche en una casa de colonias en La Vall d'En Bas, para evitar el madrugón del día siguiente, ya que a las 8 de la mañana daban la salida de la marcha.

Así que nos pusimos a la cola de la larguísima caravana de ciclistas apostados tras la linea de salida y empezamos a pedalear, a un ritmo suave y cómodo, sin apretar para nada, que la cosa acababa de empezar. Comienza la subida al primero de los puertos, el de Capsacosta y también empiezan a caer las primeras gotas de lluvia. A un ritmo no superior a mi 70% voy subiendo poco a poco, charlando, disfrutando del momento y nada cansado. Y cuando menos me lo espero, ya estoy arriba, en el avituallamiento. Un vaso de fanta, un par de trozos de naranja, otro de plátano y la lluvia avisa que va a ser seria. Me pongo el chubasquero.


En el descenso hacia Ripoll la lluvia cae fuerte. Aprieta de lo lindo. Empiezo a calarme todo. Paso frio. Las manos se me congelan. Los pies también. La crema solar que me había puesto en la cara por si salía el sol se mete en un ojo y escuece. Voy tuerto durante unos kilómetros. "Enric, hay que cambiar el chip, a todo el mundo le jode igual la lluvia". Entonces repito sin parar un mantra en mi cabeza "Qué de puta madre me lo estoy pasando". Y da resultado. Sigo sufriendo pero solo físicamente. De hecho me estoy pasando genial en el descenso bajo el chaparrón.

En todo momento acompañado por el espartano Molero, en eso que llegamos a un rotonda y por despiste nuestro e ineptitud del voluntario allí apostado pasamos de largo la salida y nos metemos en medio de Ripoll. Cuando no vemos a nadie ni delante ni detrás, desandamos el camino con 6 km extra en las patas. De nuevo en la senda correcta, por suerte ya sin lluvia, volvemos a adelantar a la misma gente que antes.


En la subida a Canes sale el sol. Es fantástico. Sigo sin arriesgar, sin apretar, sin cansarme, no más del 75%. Aún así, fresco como una rosa, adelantamos a bastantes ciclistas. Y cuando coronamos, en el avituallamiento, llega la bacanal. Fuet, longaniza, pan con tomate, coca cola, fruta... nos relamemos. Y para alante, un poco más de carretera arriba y a bajar. Buah! Como disfruto en el descenso. Voy a tope. Llevo más pulsaciones que durante la subida. Largas rectas, curvas abiertas, buena visibilidad, asfalto seco, pocos coches, y la prohición expresa a mi burra de ir a menos de 50 km por hora. Lanzo un grito a lo Jerónimo. Fue realmente un descenso orgásmico.

Al llegar abajo ya queda poco para acabar la ruta corta. Pero queremos hacer la larga. A pocos kilómetros de llegar a St. Esteve de Bas empieza a soplar mucho viento. Hay que pedalear para no ir hacia atras. Eolo hace sonar un órgano cuando pasa a través de los rádios. Se hace duro. El cansancio se empieza a acusar y David y yo decidimos que subiremos Bracons y daremos la vuelta para meta.


Después de reponer fuerzas a pie de puerto empieza el ascenso. Durísmo. Aquí era imposible bajar el ritmo para no cansarse. Había que ir al máximo para simplemente aguantarse sobre la bicicleta. Pero a molinillo y tirando de compact voy hacia arriba. Hubo un momento en el que casi desfallezco. Veo el garmin que marca el 95%. Aprieto dientes. Y al fin corono. "¿Donde estaban aquellas rampas tan duras? XD"

Arriba comemos algo y nos vamos, todo bajada ya, hacia la meta. Recogemos el mallot de recuerdo, reponemos fuerzas con un plato de pasta y para casa. Ha sido un muy buen entreno. Un domingo muy provechoso. Una organización genial. Unos avituallamientos impresionantes. El próximo año, si puedo, repito. Pero esta vez, la ruta larga no se me escapa.

 
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