Ho van aconseguir perquè no sabien que era impossible

domingo, 25 de abril de 2010

Crónica - Triatló B de Banyoles 2010

No sólo de éxitos personales vive el triatleta. No sólo de superarse prueba a prueba y de acabar pletórico como llevo haciendo toda la temporada. Cuando uno tiene buenas sensaciones es lo que suele pasar. Estas sensaciones suelen acabar con un buen crono final. Pero cuando eso no es posible también es lícito hacerlo saber de manera que no parezca una excusa más. Ha habido entrenamientos casi tan intensos como la competición de hoy en los que he acabado "fresco" como una rosa y mi ritmo ha sido mucho más rápido que el de hoy.

Como ya decía en mi post previo a este triatlón, era evidente que no estaba al 100%. Mala alimentación durante los 5 días antes de la competición... apenas nula. Y todos los demás impedimentos e inconvenientes asociados e impuestos mediante imperativo vírico.

El día anterior a la competición hice un esfuerzo... Pero me costaba horrores acabarme los platos. Estaba desganado y no eran los nervios. Hoy durante la carrera todo esto me ha pasado factura, una buena factura en forma de gases, estómago hinchado, y sobretodo una imposibilidad enorme ,y nunca antes sufrida en mis carnes, para poder respirar cómodo, para llenar y oxigenar los pulmones al tope de su capacidad y poder aliviar así más rápidamente la fatiga.

Pero lo que no te mata te hace más fuerte y poderoso, sobretodo mentalmente. He completado el primer triatlón B de mi vida, fruto de mucho esfuerzo y muchas horas y sesiones de entrenamiento y he cumplido con el principal objetivo, ser finisher. Por eso soy muy feliz. Estoy en el primero de los últimos peldaños hacia el lejano techo del Ironman, aunque, después de lo vivido hoy, parece que van a ser unos escalones muy duros de trepar.

Lo he pasado muy mal, francamente mal. Al acabar la carrera en un estado físico tan deplorable me he dicho que nunca más volvería a pasar por esa tortura, pero una vez duchadito y con la cabeza más fria, mi opinión ha cambiado. Ya tengo lista una segunda oportunidad para resarcir mi ego deportivo y mi espíritu de superación. Se llama Triatl
ó B de Balaguer y la batalla tiene lugar el próximo 19 de junio. Si aún no os habéis cansado de leer y estáis listos para continuar durante unos cuantos (bastantes) párrafos más... ahí va mi crónica:

Tramo 1: El agua
Todos los participantes preparados en el bordillo para saltar al lago; todos temiendo la fria agua que iba a congelar cabezas, pies y manos. Dan la salida y un ruido ensordecedor de chapuzones empieza a inundar el ambiente. Me tiro y mi cabeza topa contra un culo. Yo no he sentido nada, me lo ha dicho mi novia. Supongo que el agraciado tampoco, porque, como es lógico, hondanadas de hostias nos llovian desde todos los ángulos. Es cierto, el agua está muy fria, pero el neopreno y mis dos gorros cumplen bien su función. Los pies y las manos, pese a tenerlos fresquitos, tardo poco en olvidarme de ellos.

La gran suerte que tengo, todos y yo, es que existe una linea de bollas en el lago que llevan una cuerda debajo y que sirve de guia subacuática, como las lineas del fondo de una piscina. Eso me ayuda a no ir haciendo eses, a las que soy muy aficionado cuando nado en aguas abiertas, que tantos minutos me hacen perder.

He cogido un buen ritmo de brazada. Nada fatigado, muy cómodo. La parte de nado es la mas corta y esforzarse más de la cuenta para ganar los pocos segundos que se podría ganar en este tramo he pensado que no me compensaria. A la mitad del recorrido los intestinos ya han empezado a estar inquietos, nada importante aún. He conseguido salir del agua en un tiempo bastante menor de lo que yo esperaba debido a mis escasas habilidades en el líquido elemento.

Tramo 2: La bici
En la transición me lo he tomado con mucha calma, muchísima. Demasiada e innecesaria. Ya enfilando la primera vuelta. De momento bien. El circuito ya era conocido y eso ayudaba mucho. Evitando el drafting y gran abundancia de jueces. Me comienzo a hidratar de los bidones, llenos de gel e isotónico y a darle el primer bocado a la mule bar. Parece que voy fuerte, pero una sensación empieza a aprisionarme en el pecho y cuando intento tragar una bocanada de aire profunda, me duele. Pese a todo, continuo y la media sigue subiendo... y se mantiene y atrapo a gente.

Y en esas que llego a la segunda vuelta y hacia el kilómetro 50 ya no puedo más. Pienso que es falta de hidratación... aunque ya he consumido un bidón de 750 cl. y agua en el avituallamiento; o falta de comida, aunque ya me he comido una compacta y consistente mule bar y en los entrenos nunca me había pasado nada igual. La posibilidad de que se tratase de una pájara se me ha pasado por la cabeza pero la lógica me impide creérmelo. Pese a todo, en uno de los avituallamientos me bebo una botella de agua de un trago. Sentía mucho calor y hacía mucho sol e intentaba evitar la deshidratación. Error de novato. El estómago pesado me hace bajar el ritmo, aunque los esfuerzos por reponerme del bajón a golpe de trago, barrita y gel parece que han hecho que pueda incrementarlo poco más tarde, o como mínimo que no vaya a menos porque de hecho, la media respecto a la primera vuelta ha ya bajado en casi 5 kilómetros... todos los corredores a los que había pasado en la primera vuelta ahora me pasan a mi.

Cuando me quedan 10 km para acabar el tramo me acuerdo de que después viene una media maratón y del corazón sale de manera inconsciente un "quejío" que intenta iniciar el llanto desesperado, aunque en el fondo estaba deseando bajarme de la bici porque la posición no beneficiaba en nada el poder respirar con comodidad. En la segunda vuelta apenas he podido ir acoplado en los últimos 30 km por ese motivo. En décimas de segundo mi cerebro reacciona y vuelve a poner la cabeza en su sitio... "O meta o la muerte".

Tramo 3: Carrera a pieHe logrado acabar el segundo sector en la misma posición que había empezado. He recibido alegre el dejar la bici de nuevo en box. La carrera a pie es mi punto fuerte y esperaba recuperar posiciones gracias a que la posición de mi cuerpo ahora podría beneficiar el que pudiera respirar mejor. Nada más lejos de la realidad. Todo ha seguido igual, pero se ha sumado un nuevo enemigo. El trote favorecía que las tripas volviesen a reanimarse y ahora eran dos los mazos que me querían impedir el avance. Pese a todo, y aún a un lentísimo ritmo de 6 min/km el Garmin me marcaba "atención, pulsaciones altas" que es lo que me dice cuando supero el umbral del 80% de mi capacidad. Eso hace tener una idea de en que estado se encontraba mi capacidad de ventilación.

A mitad de vuelta me he fijado que uno pasaba con una pulsera fluorescente. He pensado, "que curioso, se la debe haber dado su pareja para que le dé suerte" Cuando he empezado a ver más personas así he pensado que debía tratarse de otra cosa, pero no tenía ni idea hasta que he acabado la primera vuelta y he visto que era para contar las que uno llevaba. Es lo que tiene también el ser novato en esto, que uno no sabe de que van ciertas costumbres... Cuando me dan la pulsera de la primera vuelta el que repartía las de la segunda, que no se había fijado en mi, me grita y me hace girar "ei! no agafes la de la segona?" Un demonio y un angel han aparecido sobre mis hombros, de tan hecho caldo que estaba, "Cógela" decia el demonio, "¡No!, ¡no lo hagas!, acaba las dos interminables vueltas que te quedan" decía el ángel, "Que va, només porto una volta" dije yo.

Los avituallamientos los espero como agua de mayo que derramo sobre mi acalorada cabeza. Además, aprovecho para caminar unos metros en algunos de ellos y beber agua cómodamente, unos 20 segundos que me saben a gloria. Sigo perdiendo peso en forma de materia gaseosa. No me imaginaba que un gel se podía repetir más que el all i oli.

La gente me sigue doblando, entre ellos algunos miembros del Gavà Triatló que me ayudan a empujar hacia adelante. Veo una ambulancia en uno de los cruces. Pienso que si parase para comentarles mis dolores de pecho seguro que me llevarían al hospital. Por eso las paso de largo como alma que lleva el diablo, "o meta o muerte".

La pulsera que me inicia en la tercera vuelta ha sido la mejor alegría que he tenido en mi particular via crucis. Al menos moralmente, el que ya no me doblase nadie más me ha ayudado. Ya era sólo cuestión de ir chino chano y acabar. Sorprendentemente ha sido la vuelta que más rápido se me ha pasado, me iba comiendo kilómetros facilmente y además he recuperado unas cuantas posiciones. Un último arreo psicológico a mis posaderas y veo a mis padres que han llegado justo para verme entrar, doblando la esquina que encaraba la meta. Brazos en alto y tras 5 horas y 10 minutos ya soy fínisher en un triatlón B.

 
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